Cómo moverse en un país de números oscuros

Cómo moverse en un  país de números oscuros

ene 18, 16 • In Columnas, Política, Tapa

Restauración. Una oportuna iniciativa de Montero permitió sincerar el agobiante rojo de la Provincia. Santa Rosa, el polvorín

La vicegobernadora Laura Montero y Sergio Salgado de Santa Rosa. (Ilustra Diego Juri para UNO)

La vicegobernadora Laura Montero y Sergio Salgado de Santa Rosa. (Ilustra Diego Juri para UNO)

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Vadeamos un tiempo de transición política signado por los números. Todas las cifras relacionadas con la cosa pública se muestran en estado de ebullición.

Son cifras calientes por lo abultadas, pero también por el tufillo a incertidumbre que desprenden. Inflación, déficit, deuda, planta de personal, ñoquis, pobreza, empleo, salud, subsidios… No hay, casi, rubro donde no exista la necesidad, urgente, de poner blanco sobre negro.

Con dos problemas sustantivos a la vista: uno, que el termómetro principal del país, el INDEC, demorará unos ocho meses en ser restaurado; y, dos, la opacidad, mala voluntad o mala praxis de varias de las administraciones salientes colabora para ralentizar las operaciones de barrido, limpieza y puesta a punto.

En este sentido, actuó con tino y previsión la vicegobernadora Laura Montero, cuando aún era senadora nacional, pidiendo la ayuda de la Auditoría General de la Nación para efectuar una radiografía seria de las cuentas provinciales.

Se preveía un descalabro tal en los números, que el nuevo gobierno necesitaba de ese dato externo para no tener, después, que asumir dicha carga como propia.

De paso, el análisis de la AGN, presidida en ese momento por Leandro Despouy, le evitaría polemizar, in aeternum, con los funcionarios del Ejecutivo anterior. Incluyendo a los órganos de control locales, cuya perentoriedad por conocer los guarismos no era tan severa.

Deuda, el monstruo grande
El gobernador entrante, Alfredo Cornejo, entendió la profundidad de la jugada y le dio el okey a su copiloto, con lo cual se llegó, en estos días, a un resultado “limpiador”.

Según informó el propio Gobierno, la deuda total de la Provincia supera los 16.000 millones de pesos, con un añadido embarazoso: el 60% es de muy corto plazo.

Hubo frases muy contundentes en la conferencia de prensa de rigor.

“Es mucho peor de lo que pensamos y anticipamos durante la campaña”, estampilló Montero.

“Se ha tapado el sol con la mano”, agregó Cornejo. Y tildó a su antecesor de haber gestionado con “irresponsabilidad”.

¿Cuál es el exiguo consuelo que ofrece esta herencia de Francisco Pérez?

Que el principal acreedor de la Provincia es el Banco Nación, o sea, un ente más “amigable” que cualquier otro por una sencilla razón: Mendoza es su principal cliente.

Con lo cual, hay una aspiración hipotéticamente viable: convertir esas obligaciones en deuda de largo plazo y a tasas razonables, algo que, hoy, no existe en el mercado internacional.

Hasta tanto la Argentina no restablezca una relación de confianza con los agentes financieros, seguirá pagando tasas por lo menos dos veces más caras que las que les cobran a nuestros vecinos de la región.

No obstante, el ánimo en el Gobierno es positivo. “Hemos logrado pagar los sueldos de noviembre, diciembre y aguinaldo, lo cual parecía imposible antes de asumir”, relatan con alivio, como quien acaba de salir de un parto.

“Ahora hay que dejar las cuerdas, superar la fase defensiva y pasar a la acción”, prometen.

El asunto es cómo. El año que recién arranca promete durísimos desafíos tanto para la Provincia como para la Nación.

Los verdaderos números han empezado a ladrar. Y a morder.

El increíble intendente Salgado
Uno de los grandes dolores de cabeza que padece el gobierno de Cornejo tienen origen en la Municipalidad de Santa Rosa.

Su intendente, Sergio Salgado, se transformó en un personaje curioso para los medios nacionales luego de cerrar las puertas del municipio y atrincherarse en su oficina.

Reina el caos. Los números de la Comuna no cierran por ningún lado. Y los empleados, que no cobran, ensayan protestan desesperadas.

La opinión que tienen de Salgado en el Ejecutivo es muy negativa, incluso en lo personal: “Se dedicó a armar con su municipio una agencia de empleo. Pero de empleo indigno”, diagnostican, en voz baja.

Dicen también: “Salgado se puso a construir poder a través de contratos basura. Con total irresponsabilidad en el manejo presupuestario”.

¿Qué hacer?, es ahora la pregunta.

Lo más directo, el mal menor, sería intervenir Santa Rosa.

Es una medida riesgosa, sin embargo, por diversas circunstancias.

“Salgado viene de ser legitimado por la gente en las urnas”, admiten. “Además, no lo destituyó el Concejo Deliberante. O sea, no lo destituyeron los órganos naturales”.

A eso se agrega una cuestión práctica: si lo sacan a Salgado del medio, la Provincia tendría que “hacerse cargo del muerto”.
Y plata no hay.

El erario provincial, a esta altura, no puede distraer un solo peso.

Ahora bien, lo que tampoco quiere Cornejo es pasarse ayudando a Salgado día tras días, porque estaría en la misma: Santa Rosa absorbe como un barril sin fondo.

Quién lo diría hasta hace poco. Guaymallén y Luján se avizoraban en el horizonte como los incendios mayores. Se sumó Las Heras.

Todas ellas, comunas con cambio de mando.

En Santa Rosa, empero, sigue el mismo signo político, el mismo piloto al frente.

¿Y dónde está el piloto?

Parece una pregunta en joda.

Lamentablemente, de joda no tiene nada

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