Restaurar la autoridad, una prioridad provincial

Restaurar la autoridad,  una prioridad provincial

mar 27, 16 • In Columnas, Política, Tapa

Mendoza, Gran Hermano. Más que una pulseada salarial, lo que Cornejo necesita es detener la fuga de poder de la gobernación

El exgobernador Pérez enfrentado al gobernador Cornejo. (Ilustra Diego Juri para UNO)

Batman vs. Superman versión local. Paco Pérez y Alfredo Cornejo, archirrivales (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

En el país se suceden, uno tras otro, los hechos trascendentes. Como la visita de Obama. O la negociación con los fondos buitre.

En Mendoza se repite, como cada año, el consabido tironeo en torno a los sueldos estatales con el consecuente rosario de suspensiones en los servicios básicos.

Lo único que varía, al renovarse el calendario, es el repertorio de chicanas entre los responsables de gestionar el Estado.

En lo que va de este 2016, el remolino de apóstrofes y acusaciones rigurosamente personales ha pasado a ser lo único que importa de verdad en la agenda pública.

Las ideas, para salir del pantano, fundamentalmente, ralean de manera dramática.

Abunda, en cambio, el señalamiento individual, entre otros, al director de Escuelas por tener a su yerno en la nómina, al diputado Néstor Parés por algo parecido con su esposa, al gobernador Alfredo Cornejo porque su hermana revista en el plantel docente o al exgobernador Francisco Pérez por la licitud de alguno de sus bienes.

Cada uno de esos casos, que realimenta con gran intensidad el tráfico de las autopistas digitales y azuza, fácilmente, a la opinión pública, merece su esclarecimiento, por supuesto.

Mientras mayor transparencia haya al respecto, mejor para todos.

Lo preocupante es que se conviertan en temas dominantes. Que no despunte algo más trascendente sobre el que focalizar nuestros desvelos, nuestros devaneos, nuestros artículos de fondo.

Mendoza está lo suficientemente postrada como para darnos el lujo de convertirla, solo, en una pantomima de Gran Hermano.

Una pantomima berreta y bastante sosa, para colmo.

Gobernadores en el mismo lodo
Dentro del campeonato de denuncias que derivan, inmediatamente, en show mediático de baja intensidad (no impactan, por aquí, las millonadas en juego de un Lázaro Báez o un Cristóbal López), lo más relevante fue la acusación contra Paco Pérez por presunto enriquecimiento ilícito.

El exgobernador, fogoso como siempre, contraatacó afirmando que se trataba de una cortina de humo destinada a enmascarar los fracasos del actual gobierno en su pulseada con los docentes.

Le apuntó, directamente, a su archirrival de estos tiempos, Alfredo Cornejo.

Y recordó, para aliviar su posición, dónde viven hoy otros exgobernadores como Celso Jaque, Julio Cobos y Roberto Iglesias.

Todos ellos, entonces, mandatarios provinciales, metidos en la misma bolsa… “Revolcaos /en un merengue /y en un mismo lodo /todos manoseados”, dijera el gran Discepolín.

El drama del gobernador débil
Que Pérez apunte, para defenderse, a sus antecesores y a su continuador en el cargo desnuda un drama de la política mendocina: la debilidad del gobernador.

Una debilidad que aumenta, irremediablemente, con los años.

Salvo excepciones, el primer mandatario, sin reelección y sin demasiados recursos propios, es una figura cada vez más intrascendente, que suscita escaso respeto social y al que, hoy, cualquiera se le atreve.

Cornejo lo sabe desde hace tiempo. Como lo sabía también Pérez.

La diferencia entre ambos es que Cornejo va a quemar las naves para intentar revertirlo.

Pérez, en cambio, se dejó pasar por encima. Lo agarró un doble tsunami. Desde la base estatal, los gremios lo pusieron contra la pared y le torcieron el brazo, terminando de desbaratar las cuentas del Estado. Como ya habían hecho con Cobos y con Jaque, aunque en ese momento la situación general no era tan grave.

Y desde la cúpula, la presidenta Cristina Fernández lo redujo a Pérez a un rol de político subalterno, de figura muy menor en el mapa político nacional.

Cornejo muestra las uñas
La postura actual de Cornejo no tiene fundamento en cuestiones ideológicas como lo quiere hacer ver el kirchnerismo duro, tan afecto a los “relatos” y a las declamaciones.

Se ha visto en el espejo de las tres administraciones anteriores. Y no le gusta lo que le devuelve la imagen.

Es una cuestión de autoridad.

De restaurar para el gobernador, dentro de lo posible, algún tipo de autoridad (Bordón, Iglesias, fueron ejemplo de ello) sobre la que el ciudadano común pueda hallar una referencia y ordenarse.

El ítem aula, tan manoseado y tergiversado, es parte de esa pelea central.

En términos de números y de presupuesto no mueve demasiado la aguja. Sí en cuanto representa una señal hacia la comunidad.

Zanjar el diferendo por decreto apelando a la legitimidad que brinda la Legislatura es parte del proceso.

“No fue un conflicto buscado. Hubiéramos preferido un acuerdo. Pero la Provincia no tiene margen para que haya un vacío de autoridad”, explican voceros del Gobierno.

Se aproximan ahora otras escaramuzas, quizás de mayor vehemencia, como las que hacen prever los sectores de la salud.

Una negociación racional, inteligente, entre las partes, sería lo que necesita hoy la sociedad escaldada.

No ha sido el común denominador de los últimos años.

Oremus.

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