¿Las provincias dejan el hábito de arrodillarse?

¿Las provincias dejan el  hábito de arrodillarse?

may 22, 16 • In Columnas, Política, Tapa

Coparticipación y algo más. El acuerdo firmado con la Nación devuelve recursos y abre la chance de un cambio federal de fondo

El gobernador Cornejo junto al Presidente Macri firmando el acuerdo de pago a las provincias. (Ilustra Diego Juri para UNO)

Una sociedad redituable: el presidente Mauricio Macri y el gobernador Alfredo Cornejo (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Poca conciencia se ha tomado, especialmente en las provincias, sobre los alcances del acuerdo que firmaron los gobernadores con el gobierno nacional para la devolución de fondos coparticipables.

“Estamos revirtiendo un proceso histórico”, señaló un ministro de Alfredo Cornejo. “Es un cambio en la relación federal”.

El concepto debió haberse colocado, en letras de molde, sobre la fachada de la Casa de Gobierno.

Pero uno se acostumbra muy fácilmente a andar agachado en este país. Cuesta recuperar la vertical.

El doblamiento de cerviz practicado por los tres gobiernos anteriores frente a la Nación se había vuelto parte de la realidad.

No dolía ya. Ni escandalizaba.

Por eso mismo, haber recuperado una parte -aunque módica todavía- de soberanía financiera no produjo demasiado impacto festivo.

Una década vivida bajo el síndrome de Estocolmo deja graves secuelas.

Una vara castigadora menos
Es cierto que no existe entre la población un ánimo predispuesto naturalmente al festejo, sobre todo cuando se trata de actos de gobierno o de relevancia institucional.

Las urgencias pasan por otro lado. Por el bolsillo. Por el conteo de días para llegar a fin de mes.

El cuentagotas de la angustia.

Sin embargo, en los niveles decisorios de la casta política el hecho adquiere otra dimensión. Trascendental, si el fenómeno se acentúa.

¿Qué se firmó en Córdoba con el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, por virtud o por necesidad?

Un acuerdo para devolverles a las provincias, en forma progresiva y escalonada, el 15% de la coparticipación retenida desde 1992 para financiar la Anses. Será en cinco cuotas del 3% desde 2016 a 2020.

Se trata, ni más ni menos, de una herramienta que brinda recursos de manera legal, automática y no discrecional.

Esto es, en términos políticos, lo neurálgico. Lo que cambia las reglas de juego.

Lo que le quita a la Nación una de las varas con que castigó, durante estos años, a los gobernadores en el lomo. Una vara para disciplinar, para arrastrar de las narices.

Para humillar.

Es ahora o nunca
Muchos de los gobernadores, incluyendo a varios peronistas, que tomaron el Tango 02 para trasladarse a La Docta rumbo al acuerdo no cabían en sí de la sorpresa.

Pudieron ir dialogando, en el vuelo, con los funcionarios nacionales para exponer argumentos y para trazar un mapa de necesidades.

“Antes, básicamente durante el período de Cristina, solo llamaban a los propios. Y ni siquiera para escucharlos. Para darles órdenes”, relató uno de los sorprendidos.

Para que esta energía positiva generada entre la Nación y las provincias termine de encauzarse y producir efectos de largo alcance, debería culminar en un debate de fondo.

Un debate que permita una nueva ley de coparticipación y que, de paso, ordene y simplifique el esquema tributario nacional, hoy un laberinto infernal y caótico que no entienden ni los especialistas.

“Es ahora o nunca”, alertan en Mendoza. “El gobierno de Macri nos ha abierto una oportunidad que no podemos dejar pasar”.

Mendoza, precisamente, junto a Buenos Aires, es una de las provincias que debe resarcirse de una injusticia endémica.

Pagando la fiesta de Celso y Paco
Más allá del valor político/institucional de lo alcanzado en Córdoba, ¿qué beneficios trajo para Mendoza en términos monetarios?

Sacando los números finales, el acuerdo no sumará recursos.

Servirá para equilibrar las cuentas, porque la Provincia perderá en este ejercicio alrededor de 1.600 millones de pesos por las modificaciones en IVA y Ganancias.

“Vamos a salir derechos”, reconoce el ministro de Hacienda, Martín Kerchner.

Los mayores beneficios serán de mediano y largo alcance.

“Les estamos dejando créditos a cobrar, con bastante certeza, a los próximos gobernadores”, pondera Kerchner.

La posibilidad de engrosar la caja viene por partida doble. Una, por la devolución gradual del porcentaje de coparticipación.

Y la otra, la más llamativa, es haber conseguido el aval para que la Provincia reclame judicialmente hacia atrás, por los fondos caídos.

Dentro de cuatro o seis años, esto último podría sumar un ingreso añadido de 800 millones de dólares.

O sea, que Kerchner se ufana de haber resuelto el actual problema de liquidez heredado de las administraciones anteriores con la colocación de un bono por 500 millones de dólares (“Estamos pagando la fiestita de Jaque y de Pérez, lo que yo llamo el Banco Mendoza 2”, dice).

Y, al mismo tiempo, ya dejó dibujado el esquema para afrontar esa deuda que acaba de emitir.

Todo lo cual le permite al gobierno de Cornejo darse un baño de satisfacción. De satisfacción conceptual. Pero no de euforia.

El duro corsé de la crisis sigue apretando. La Provincia aún debe afrontar este año obligaciones por 300 millones de dólares con el Banco Nación y el Credite Suisse.

No hay respiro para Kerchner. Ni noches de sueño apacible.

No este 2016 que solo promete sangre, sudor y lágrimas.

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