“Balada para un pozo”, el nuevo himno menduco

“Balada para un pozo”, el nuevo himno menduco

jun 5, 16 • In Columnas, Política, Tapa

A bachear se ha dicho. El deterioro vial simboliza una pendiente de años. A Cornejo le queda una tarea poco gloriosa por delante

El gobernador Cornejo y el deterioro provincial. (Ilustra Diego Juri para UNO)

Caído en un pozo ciego. El gobernador Alfredo Cornejo y las Siete Plagas de Egipto (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Resulta curioso y, a la vez, revelador que la Balada para un pozo, canción satírica imaginada por Los Cumpas, haya causado el mayor impacto popular de la semana en el programa Primeras Voces que hacemos cada mañana, de lunes a viernes, por Radio Nihuil.

Montándose sobre la memorable Balada para un loco de Piazzolla/Ferrer, Los Cumpas se ríen -para no llorar- del insoportable calvario que sufre, día tras día, la población local al transitar por rutas y calles.

Otra historia de terror, como la del Zoológico. Pero, por suerte, filtrada aquí a través del jocoso ingenio de los Henríquez, Franklin y Oscar.

El impacto popular fue inmediato y, tras su emisión en Nihuil, el tema se viralizó en las redes.

Fue un catalizador. Estaba interpretando, a la perfección, el humor del habitante medio en estos días.

Un ponderado político como el peronista Jorge Tanús llegó a decir, él también con una sonrisa en los labios: “Extraordinario tema Balada para un pozo. Un himno local, después de Otoño en Mendoza”.

Más que un himno, un síntoma, grave, de lo que nos acontece.

Un deterioro de años
Los pozos, baches, zanjas y cráteres que jalonan la red vial son bastante más que una usina de malhumor social y otro motivo de encarecimiento en nuestro diario vivir.

Son un símbolo palmario de la pendiente en que se ha ido deslizando la provincia en estos tiempos.

Porque las calles no se rompen en un día y con una sola lluvia. Acumulan un deterioro de años. Por falta de inversión y planificación. Por gastos mal asignados. Por irresponsabilidad de las sucesivas administraciones municipales (algunas con más culpa que otras), provinciales y también, porqué no, nacionales.

Una vergüenza. Que no admite excusa alguna. Ni más dilaciones, porque se está llegando a un peligroso estado de saturación.

Se informó, por ejemplo, que, el mes pasado, la venta de autos nuevos creció en la Argentina un 13,8% en comparación con el mismo mes de 2015.

Es un fenómeno repetido en el país que recobró su ritmo alcista.

¿Cuánto crecen, en paralelo, las obras viales en la provincia para absorber ese mayor flujo automotor que se vierte cada mes?

La respuesta es decepcionante. Seguimos transitando por los mismos caminos que hicieron nuestros abuelos. Y en muchísimo peor estado de conservación.

La problemática vial no ocupa el centro de la escena.

En este año, del centenar de muertes violentas ocurridas en la provincia, la mitad corresponde a la inseguridad y la otra mitad, grosso modo, a accidentes automovilísticos en rutas y caminos, con gran influencia de la ingesta de alcohol. La mayoría de las víctimas son hombres jóvenes: entre 17 y 35 años.

Rige la ley de la calle.

Volviendo a la balada del pozo, ante el clamor general Vialidad Provincial anunció un plan para recomponer el pavimento y doblegar baches.

Su disponibilidad presupuestaria es flaca en relación a lo que necesita.

Pero al menos se hizo cargo del problema y de su responsabilidad.

Cornejo, el bacheador
Hace unos cuatro años decíamos, en esta columna, que Francisco Pérez estaba obligada a ser mucho mejor gobernador que sus antecesores Cobos y Jaque, ayudados por un país que crecía a tasas chinas.

Cuando Paco llegó al gobierno, en el inicio del segundo mandato de Cristina, terminaban los años de vacas gordas. Le tocaban las flacas.

Dicho y hecho. Reinó la malaria. Y el desafío le quedó grande.

El PJ entregó la Provincia en un estado calamitoso.

Para Alfredo Cornejo la vara es más alta todavía que la que le tocó en suerte a Pérez. Necesitará sacar chapa de genio para enderezar el barco.

Ha cumplido en estos pocos meses de gestión. Zafó, honrosamente.

Pero no mucho más.

Porque no tiene demasiado por delante.

No lo recordarán como a los antiguos próceres locales que construyeron rutas, canales, parques, diques, grandes centrales hidroeléctricas. La estirpe de los Emilio Civit o los Pancho Gabrielli.

Lejos queda, incluso, por imperio de las circunstancias, del halo hacedor de Felipe Llaver o del vuelo majestuoso que alcanzó Pilo Bordón.

A Cornejo le toca un rol de pico y pala, vestido de overol.

¿Cuál es su derrotero cercano?

Importante, pero modesto: desnatar las cuentas públicas. Que los hospitales funcionen decentemente. Pagar sueldos en tiempo y forma. Honrar la deuda con los proveedores. Honrar los compromisos con los organismo financieros.

En fin. Bachear. Terminar obras truncas, como el elefante blanco de la Villa Olímpica.

Esas cosas.

Todo esto en medio de las Siete Plagas de Egipto que parecen haberse desatado por estos días: lluvias infinitas, frío, temporales furiosos de nieve, inflación no menos furiosa, tarifazos, muertes en el Zoo…

Tal vez ocurra el milagro de aquí a dos años y pueda levantar cabeza y aspirar a otra proyección.

Quizá. Los milagros existen. Y el Papa es argentino.

Pero dentro de dos años, sin reelección, ya se estará preparando para dejar el poder.

Los gobernadores de Mendoza son, cada vez más, aves de paso.

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