Lopecito, tétrica alegoría de aquel país aplaudidor

Lopecito, tétrica alegoría de aquel país aplaudidor

jun 26, 16 • In Columnas, Política, Tapa

Una provincia arrodillada. Pérez, sin espalda financiera, fue un rehén del ex zar de la obra pública. “Este es un país unitario”, dice

El exministro de planificación Julio De Vido y su segundo José López cuando eran poder. (Ilustra Diego Juri para UNO)

En la tragicomedia de la vida: exministro Julio De Vido, exsecretario José López y exgobernador Paco Pérez (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Todo es “estupor y temblores” en la política de estos días. Ya sea dentro del país como en el dilatado proscenio del mundo.

Lo más conmocionante de la semana fue el Brexit del Reino Unido que ha hecho crujir los cimientos de Europa.

En España se otea la amenaza de Podemos sobre su candente jornada electoral.

En Italia, la otra madre patria, mientras tanto, viene de impactar el triunfo en las alcaldías del Movimiento 5 Estrellas (M5S), formación “anticasta” creada por el cómico Beppe Grillo en 2009 y ya segunda fuerza política del país.

La consigna de Beppe Grillo (o Pepe Grillo, para los seguidores de Pinocho) podría ser también, hoy, una consigna de guerra en la Argentina: “La revolución es ser honestos en medio de un sistema corrupto”.

¿Mani pulite?
Pensar que Italia pasó por el traumático proceso de mani pulite, que puso al descubierto una extensa red de corrupción, hace más de 20 años. Y, aun así, en estos días “ser honestos” sigue siendo una bandera inexcusable.

Esto da una idea de cuánto camino le queda a la Argentina por andar. Sobre todo teniendo en cuenta que las causas que se vienen destapando, cual aluvión de verano, día tras día, hora tras hora, llevaban años durmiendo el sueño de los justos.

Lo que pasa en los distintos ámbitos nacionales pasa también en Mendoza.

Una muestra es la actual investigación que puso bajo la lupa a numerosos comisarios generales (incluyendo a un primo hermano del gobernador Alfredo Cornejo) quienes, entre otras cosas, cometieron serias irregularidades en el manejo de los servicios especiales.

El modus operandi se remonta a varios años atrás. Por lo menos hasta el gobierno de Julio Cobos.

¿Por qué no saltó nada antes?

Cuando se termine de contestar esta pregunta se terminará de entender buena parte del deterioro institucional que nos afecta.

El zar Lopecito
Dentro de la multitud de causas que florecen cada semana, nada parece más emblemático para reflejar el deterioro sufrido por esta provincia (como tantas otras) que la figura de José López, el bolsero que tiraba millones de dólares por encima de las paredes del convento.

Lopecito, ladero del entonces todopoderoso ministro de Planificación Julio De Vido, era, con rango de secretario, el zar de la obra pública.

Se paseaba a sus anchas por el país repartiendo promesas y disciplinando gobernadores. A algunos los desbravaba con los peores modales.

Como fue el caso de Mendoza con Francisco Pérez.

La moneda corriente eran el maltrato (“destrato” lo llaman aquí), la soberbia y el ninguneo.

Así como está escrito.

“López era el exponente máximo de la mierda humana”, reconocen hoy en el entorno de Paco. “Lo sufrieron también Celso (Jaque), Baldasso y Pombo, entre otros”.

Lo seguía, en el ránking de maltratadores, el ministro de Economía, Axel Kicillof. Dicho por ellos.

Un sistema cruel y castigador
Surge, ante lo dicho, una pregunta elemental. Obvia: ¿por qué los funcionarios mendocinos soportaron este acoso calladamente? ¿Por qué salen a admitirlo recién hoy?

Por algo también obvio: no tenían, en aquel momento, ningún margen, ni político ni financiero, para hacerse los machotes. Para sacar pecho.

“Te agarraban de los huevos de la manera más miserable”, admiten ahora sin eufemismos. “Si no, miren cómo terminó Paco”.

Y hacen una extensión del modelo nacional a la actualidad: “Pregúntenle en este momento a Cornejo por qué no sale a cruzarlo a Aranguren (el ministro de Energía)”.

Buena pregunta, teniendo en cuenta que el gobierno mendocino es muy crítico respecto de cómo se manejó Aranguren con los aumentos tarifarios, en especial el del gas.

Sin embargo, el entorno paquista reconoce algo bueno en esta coyuntura respecto de lo padecido por ellos: “El Gobierno (de Macri) te trata de otra manera. No resuelven nada, pero te dan un lugar conforme a la categoría de gobernador y representante de toda una provincia”.

Aplaudidor a la fuerza
Pasando en limpio, queda claro, acerca de aquel indigno proceder de la política nacional, que Pérez no era un aplaudidor de Cristina por amor sino por obligación.

Se sabe hoy que, de haber tenido alguna espalda financiera, lo hubiera terminado siguiendo a De la Sota.

Pérez suele rememorar, entre suspiros, cuando el cordobés lo visitó para la Vendimia en 2014 y fue a su casa. El mendocino le devolvió el gesto en La Docta. Hablaron mucho.

Ya se percibía, por ese entonces, un descontento con la presidenta Cristina Fernández por su trato equívoco con los gobernadores.

Pero Paco no tenía hilo en el carretel para despegarse.

Hoy prima la nostalgia. La sensación amarga de lo irremediable.

“Los mendocinos creemos, desde 1983, que tenemos un país federal y una provincia rica”, reflexiona Pérez. “Tenemos, en realidad, un país unitario y la riqueza de Mendoza está en su gente, no en su Estado”.

Cornejo podría suscribir, palabra por palabra, este pensamiento.

La gran incógnita es si sabrá cómo revertir tan pálido destino.

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