El juego de tronos del PJ tiene poco “olor a oveja”

El juego de tronos del PJ  tiene poco “olor a oveja”

jul 3, 16 • In Columnas, Política, Tapa

Buscando un líder. El espectáculo obsceno de la corrupción golpea al movimiento. En la base de la militancia cunde la bronca

La renovación del peronismo. (Ilustra Diego Juri para UNO)

Cortesanos del poder: Randazzo, Cristina, Massa y Scioli. ¿Renovación o continuismo? (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Fue una suerte para los muchachos peronistas de todo el país que el viernes se conmemoraran los 42 años de la muerte del General.

El 1 de julio representa una fecha y un recuerdo que amontonan a una hueste sacudida por vientos cruzados, que son muchos y son intensos.

La derrota, para el peronismo, es como un pecado mortal. Un pasaje, en primera clase, a la excomunión.

Evocar a Perón, con todo el arsenal de frases hechas y lugares comunes imaginables, fue, en esta circunstancia, un placebo para olvidar, por algunas horas, las pugnas internas que desgarran el movimiento.

¿Hubo comunidad de espíritu al menos este viernes, aunque resultase forzada e ilusoria?

Es una esperanza improbable.

Más teniendo en cuenta que Cristina Fernández, antes de su retorno a Buenos Aires, arengó a sus adictos señalando que hay, en este preciso momento, tres clases de peronismos: el “pejotismo”, el peronismo de los “traidores” y el kirchnerismo.

No hay manera de restaurar ese jarrón roto.

Decía el General, en el número seis de las 20 verdades peronistas: “Para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista”.

Verdades que el viento se llevó.

Bronca en la base
Es una experiencia muy distinta y enriquecedora mirar al peronismo de hoy por arriba y por abajo.

Por arriba, donde está la dirigencia; donde moran los dioses del Olimpo, responsables de victorias y derrotas; donde flotan aquellos “que se la llevaron toda” (en algunos casos), bulle una trama de poder.

Con intrigas tipo House of Cards.

Allí deambulan las figuras nuevas como Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey (dos de los “traidores”, según Cristina), los veteranos del consenso como José Luis Gioja y Daniel Scioli, los que están en las gateras como Florencio Randazzo y, entre otros , el kirchnerismo puro y duro que encabeza la expresidenta.

Ellos compiten, abiertamente, por el poder que queda y por el poder futuro, con la mirada puesta en las elecciones del año próximo.

El Juego de Tronos.

Por debajo está la militancia. La tropa de base. La “gente”.

¿Y qué hay allí? Otra cosa. Otro clima.

Hay calentura. Ánimos enfurecidos, donde se canta más La marcha de la bronca que la marchita peronista.

Lo pueden comprobar todos aquellos que vienen fomentando encuentros en el ámbito provincial. Como el sureño Omar Félix, que tuvo otro acto ayer en El Challao.

“Los compañeros piden renovación, cárcel, responsabilidades”, admite Félix.

¿Contra quién se dispara?

Es al bulto. Contra los que gobernaron Mendoza los últimos ocho años. Recuerdan a Lobos, a Abraham, a Pérez (el único que renunció como autoridad), a Ciurca, a López Puelles, por ser los más cercanos.

Pero también disparan contra la vergüenza que contagió a todo el peronismo José López con sus bolsos obscenos en el convento.

¿Habrá contacto entre los aristócratas del trono y la base popular? ¿O los de arriba seguirán haciendo la suya para salvarse solos?

En esta disyuntiva se dirimirá el futuro del PJ, aquí y allá.

Buscando al líder
La incertidumbre avanza, en vez de amainar, con los meses.

El espectáculo, nunca visto, de la corrupción descarada golpea muy duro. No hay manera de desembarazarse del efecto López.

“El virrey Sobremonte había sido el último que agarraron huyendo con un bolsón lleno de guita”, ironiza Félix.

El fenómeno ha acelerado el desmembramiento del kirchnerismo.

Pero nadie puede darlo por muerto. Los jóvenes locales de La Cámpora dan un dato elocuente: en la semana, Gioja amagó con fracturar el Frente para la Victoria en el Congreso. Lo impidió una intervención directa de Cristina y de Máximo.

“Es una demostración de que conserva poder de fuego”, explican los militantes K recargando ínfulas.

Pero están en una encrucijada. El viernes, uno de sus cabecillas, Lucas Ilardo, celebraba a Perón en Twitter calificándolo como “el más grande estadista de América Latina”.

Pocas horas después se emocionaba, junto a Gerardo Romano y Pablo Echarri, con la etiqueta #VuelveCristina.

Mientras tanto, ¿adónde miran los camporistas en caso de que el futuro no pase por Cristina?

A Sergio Massa.

Es lo menos vetusto, lo menos apolillado que hallan dentro del peronismo reinante.

Son muchas líneas conceptuales que se entrecruzan.

Primero, Massa
No solo los muchachos de La Cámpora otean al diputado de Tigre.

Otros sectores del peronismo local están patrullando esa ruta, por ahora plagada de malezas.

El sanmartiniano Giménez, el lavallino Righi y el tunuyanino Aveiro hicieron un primer tanteo massista.

Es una avanzada exploradora.

Vendrán otros detrás.

Lo que seduce de Massa es evidente: tiene un potente equipo económico (los Lavagna, Nielsen, Redrado, Pignanelli), está equidistante entre el kirchnerismo que fue y el macrismo que es (“va por el medio”, dicen), seduce a otros peronistas como De la Sota, Berna, Das Neves, Closs, Pepe Scioli, Perotti o Reutemann, etcétera.

Son solo aprestos, sin embargo. El camino que lleva a 2017 es demasiado largo. Hay otros personajes fuertes, como Randazzo, que todavía no entran a jugar fuerte por la renovación; y otros, como Cristina, por la permanencia.

“No es el momento de definirse a nivel nacional”, dicen otros más.

Antes, hay que poner la casa en orden. Ordenar Mendoza, donde, por ahora, el maipucino Adolfo Bermejo sigue siendo figura principal.

Pero esa es otra historia.

La corrupción y el olor a oveja
Volviendo a la distinción entre los de arriba y los de abajo, la Conferencia Episcopal ayer se puso el sayo.

En un examen de conciencia recordó que el Papa llama a la corrupción una “llaga putrefacta de la sociedad, un grave pecado que grita hacia el cielo pues mina desde sus fundamentos la vida personal y social”. Y algo más: “…con su prepotencia y avidez destruye los proyectos de los débiles y oprime a los más pobres”.

Francisco aboga por una Iglesia “con olor a oveja”. Próxima al necesitado.

La actual crisis indica que al peronismo, más allá de lo declarativo y las frases hechas, le está faltando olor a oveja.

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