Un Bicentenario emotivo dentro de la gris realidad

Un Bicentenario emotivo  dentro de la gris realidad

jul 10, 16 • In Columnas, Política, Tapa

Emoción y realismo. El genuino sentimiento motivado por el festejo patrio se matiza con los pedestres desafíos de la coyuntura

El Gobernador Cornejo y el presidente Macri en el bicentenario de la Independencia. (Iliustra Diego Juri para UNO)

El Gobernador Cornejo y el presidente Macri en el bicentenario de la Independencia. (Iliustra Diego Juri para UNO)

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Los actuales gobernantes deben dar gracias a la Providencia o a las volteretas de la Historia de que les hayan permitido encabezar los festejos del Bicentenario.

Es, ciertamente, un regalo del cielo, créase en él o no.

Son momentos imborrables en la vida de las naciones. Inigualables.

Y una oportunidad única para contagiar algún espíritu de gesta en la población, aprovechando el aura protectora de los próceres tan citados, tan abusados en su pedestal.

Padres fundadores, mejor, como le gusta decir, con razón, a Felipe Pigna,en lugar de próceres. Para que no termine de solidificarlos el frío atuendo del bronce.

El pueblo, siempre generoso, respondió, como cada vez que se honran sus símbolos mayores.

Pero las autoridades, muy a su pesar, lucieron empequeñecidas en comparación con la epopeya independentista.

Le pasó a Cristina Fernández, hace seis años, con un abuso de la cadena nacional (llegó a la número 21 ese día), transformando la fiesta nacional en una autocelebración, tanto de ella como de su marido. Nunca mencionó, en su discurso de cierre, la Revolución de 1810.

Mauricio Macri, sin cadena y sin aplaudidores que garantizaran el autobombo, fue devorado por otro monstruo: las graves carencias sociales del momento actual, que él atribuye a causas pasajeras.

Hace 200 años declarábamos la independencia. Hoy nos limitamos a hacer las cuentas para ver si alcanzamos a pagar la boleta del gas.

La gloria nacional todavía está por verse.

Cornejo bicentenario y el oso
Alfredo Cornejo estuvo presente ayer en Tucumán para acompañar al presidente de la Nación al igual que el resto de los gobernadores, con las excepciones de Alicia Kirchner, Alberto Rodríguez Sáa y Mario Das Neves (ausente con aviso, por motivos de salud).

Figurará, entonces, como el gobernador mendocino del Bicentenario.

Lo envolvieron, desde cada rincón de la Argentina, los sones heroicos del gran festejo patrio.

Sin embargo, como le pasa el presidente Macri, su realidad es dramáticamente más pedestre. Lejana de cualquier esplendor presente o futuro, mirando los tres años y medio que le quedan de mandato.

La principal que le sucedió en estos días, en cuanto a trascendencia nacional e internacional, fue la muerte del oso Arturo.

“El oso del pueblo”, como lo bautizó un cronista sensible.

El desenlace de la historia no obedeció a ninguna falla humana específica sino, más bien, a las leyes de la naturaleza.

Pero significó una especie de cumbre o punto final en el largo e irreversible proceso de declinación del Zoológico local.

Cornejo heredó este problema. Y desde su asunción le ha resultado un dolor de cabeza. Intenso. Incurable.

Un comunicado de Greenpeace pidió, a propósito, “el fin de los animales en cautiverio para fines comerciales o de recreación”.

Puede ser un aporte evolutivo para el nuevo centenario. Para el tercero que comienza a desandarse hoy. Una nueva era sin zoológicos ni circos con animales.

Por esa ventana lateral quizá Cornejo ingrese, con buen puntaje, en los libros de historia.

La ventana del procurador
Otra fuerte migraña para el gobierno local tiene origen en las tarifas de gas. También es un asunto heredado, en donde se están pagando las consecuencias del atolondramiento y la improvisación con que se movieron los técnicos de Macri.

Respecto de este asunto, el Ejecutivo mendocino tiene escaso margen de maniobra, salvo amortiguar el desamparo y la confusión de los usuarios.

Lo que ha abierto, sí, una chance para salir, por un rato, de la gris cotidianeidad fue la renuncia del procurador general de la Corte, Rodolfo González.

Es una excelente oportunidad para cambiar algunas cuestiones de fondo.

Dichos temas van mucho más allá del nombre elegido (sobre el que viene especulando desde el primer minuto el periodismo, un clásico).

Más allá, incluso, de una eventual modificación de la Ley del Ministerio Público.

Y tiene que ver con algo que desvela a la población y, por ende, a los funcionarios: la seguridad.

En el Gobierno reconocen hoy una situación grave por demás: la policía mendocina es, prácticamente, la única en todo el país que no promueve investigaciones propias.

Es una policía timorata. Pasiva. Con el brazo encogido, si uno utiliza una metáfora tenística. Producto de un credo garantista y punitivo hacia adentro-según creen en confianza las autoridades-, que la anterior administración puso en práctica bajo influencia del kirchnerismo.

Pasa algo similar con los fiscales. “Se preocupan más por sus asuntos particulares que por colaborar con las fuerzas del orden y con la eficacia de los procedimientos”, es el diagnóstico. “Olvidan que la Justicia debe servir a la sociedad y no al revés”.

El proceso que conduce a elegir un nuevo procurador (ver nota de Alejandro Gamero en página 23) debería ser la excusa para barajar y dar de nuevo.

Para sentar en una mesa grande a gobernantes, jueces y autoridades policiales -en plan, también, de renovación- y lograr un gran acuerdo que redunde en beneficio de la comunidad, no de las corporaciones estatales.

Salvini no es Fayt
En una Mendoza institucional cercana a la petrificación, sobre todo en materia constitucional, Francisco Pérez logró, finalmente, algunos éxitos que no pudo alcanzar, en el gobierno que lo precedió, el influyente secretario general de Gobierno Alejandro Cazabán, pese a su empeño.

Paco pudo darse el gusto de incorporar a dos miembros de la Corte, Omar Palermo y Julio Gómez; al fiscal de Estado, Fernando Simón; y hasta logró una yapa con Ricardo Pettignano en el Tribunal de Cuentas.

Demasiado para un líder, como Pérez, que no tenía mayor ascendiente sobre su partido.

Cornejo podría contar, tempranamente, con una coyuntura similar.

Las dolencias que han afectado, en estos días, al octogenario integrante de la Corte Herman Salvini renovaron las especulaciones sobre una posible renuncia al sitial.

Salvini, por una cuestión etaria, está envuelto en las mismas conjeturas que afectaron a Carlos Fayt cuando integraba la Corte nacional.

Con una diferencia básica: el gobierno de Cristina Kirchner hizo lo imposible, hasta el límite de la indignidad, por eyectar a Fayt, quien finalmente eligió irse por voluntad propia.

A Salvini nadie lo presiona. Ni lo ataca públicamente.

“Yo me voy a ir con los pies para adelante”, suele bromear el supremo con los periodistas acreditados en Tribunales.

Lo ata su vocación. Y su generoso sueldo. Ronda los 190.000 pesos. Sin obligación de tributar Ganancias.

Cornejo deberá buscar otra vía para sembrar algo más de interés y encanto en el Tricentenario que se está dando el gusto de inaugurar.

http://www.diariouno.com.ar/a-fondo/un-bicentenario-emotivo-dentro-la-gris-realidad-20160710-n1188591

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