Mendoza, convertida en la “gran casa del horror”

Mendoza, convertida en la “gran  casa del horror”

dic 4, 16 • In Columnas, Política, Tapa

Claroscuro. Mientras la política le sube las acciones a la provincia, una seguidilla de casos tenebrosos jalonan el año que ya termina

La fiscal Orozco, con los curas abusadores del Próvolo. (Ilustra Diego Juri para UNO)

La imagen tétrica que la provincia está proyectando hacia afuera (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Mendoza va cerrando el año con un balance ambiguo, en un nítido claroscuro. La discreta luminosidad, curiosamente, emana de la circunstancia política.

Las tinieblas vienen del cuadro general. De algunas cloacas sociales que supuran con inaudita crueldad.

En los ambientes de decisión, allí donde se ausculta a la provincia con ojos de inversor (un elemento clave en estos días), se ve con muy buenos ojos el rigor y la convicción con que el gobernador Alfredo Cornejo está ordenando las cuentas públicas.

La convivencia, razonable, entre oficialismo y oposición, que ha permitido, entre otros asuntos, sancionar el Presupuesto o renovar la Justicia, es otro punto a favor de la institucionalidad local.

Frente a estas claridades se yergue el cúmulo de atrocidades que signan este 2016 que ingresa en su último tramo, como la seguidilla de feminicidios o la vejación de menores en el instituto Próvolo de Luján.

Con algunas perlas adicionales en el cuadro de deshonor mendocino como la fiscala con licencia trucha de vacaciones en Brasil.

El instituto del horror
Desde que se destapó el tema, la sucesión de depravaciones que se van conociendo día a día con origen en el instituto Antonio Próvolo mantiene en un constante azoramiento a la opinión pública, pero también a los encargados de la investigación.

Las sensaciones van del espanto al asco, pasando por la incomprensión final sobre la condición humana.

Una condición que empezó a evolucionar hace unos 2,5 millones de años, en África oriental. No había dioses en aquel entonces. Todavía.

Hoy hay Dios. Establecido y fuerte. Y una larga evolución civilizadora.

Por eso cuesta entender lo cometido por sacerdotes como Nicola Corradi y Horacio Corbacho con niños sordomudos a su cargo. A su merced.

Y, por lo mismo, quien más conmovida se encuentra es la grey católica, con el Arzobispado mendocino a la cabeza que, tras una semana de turbación, salió a condenar firmemente los hechos y a promover las investigaciones pertinentes.

Con 22 víctimas individualizadas hasta el momento, las puertas del terror se mantienen abiertas. “No sabemos dónde termina esto”, dicen los investigadores, que no caben en sí del asombro. “Varios de los chicos han sido corrompidos totalmente”.

Un caso que se abre
El caso Próvolo ha causado gran preocupación en distintos segmentos institucionales por su notoriedad y por sus implicancias.

Lo comprobó el procurador de la Corte, Alejandro Gullé, al asistir en estos días a las XXIX Jornadas Nacionales de los Ministerios Públicos en la Facultad de Derecho de la UBA.

Sus colegas de todo el país se acercaban para interiorizarse del caso. Y hasta las traductoras de lengua por señas espontáneamente le aportaron datos muy reveladores sobre las aflicciones y abusos que padecen los chicos con esa problemática.

El tema crece porque Gullé llevó, vía compulsa, el caso a La Plata y de ahí a Salta, las otras ciudades donde funciona el instituto Próvolo.

También en el ámbito local se amplía el radio de acción. “Corradi no ha podido hacer esto solo durante años. Hay una cadena de complicidad y silencio en derredor. Pero no sabemos si se podrán determinar las responsabilidades de cada uno”, es la gran duda de la Justicia.

Las pesquisas, mientras tanto, se realizan contrarreloj, para evitar que se monte, por arriba, la típica red de protección que actúa en casos como este. Y está claro que la responsabilidad absoluta, final, anida en Verona, Italia. Que es de donde enviaron a Corradi.

En el cuarto del cura, según trascendidos, se ha halló, entre otras cosas, más de medio millón de pesos en efectivo, “que seguramente utilizaba en beneficio propio”.

Un villano de película.

Sidoti y Orozco no son iguales
Lo significativo para Gullé es que tiene entre manos dos cuestiones cruzadas: las degeneraciones del Próvolo y la situación del fiscal Fabricio Sidoti, quien lo está ayudando en la indagación del instituto lujanino pero que, a su vez, está bajo amenaza de juicio político por su actuación en el caso que derivó en la muerte de Ayelén Castro.

No es un panorama cómodo porque Sidoti -que está en la mira del Gobierno-, es un funcionario con fama de trabajador, bien conceptuado en lo personal y en lo profesional, y que cuenta con la simpatía casi unánime de sus colegas fiscales.

“Es un buen chico. Cualquiera hubiera hecho lo mismo en su lugar. No tenía mucho margen de maniobra”, argumentan sus pares.

Un alivio para Gullé sería que saliera una ley que establezca sanciones intermedias. Una suspensión temporaria evitaría la destitución.

Distinta es la realidad de Anabel Orozco, la fiscala viajera o Garota de Jurere.

Su aureola no la ayuda. “Hace dos años que viene haciendo lo mismo”, comentan en el ambiente.

La lógica política indica que el Gobierno le rechazará la renuncia y será destituida.

¿Con qué cara lo va a hacer el jury, teniendo en cuenta que muchos magistrados abusan de la misma triquiñuela que Orozco?

“No la van a poder salvar”, vaticina alguien que sabe. “Porque la gente los va a quemar vivos”.

Lo dijo el maestro: quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra.

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