Un líder granítico, un duro para domar la crisis

Un líder granítico, un duro para domar la crisis

dic 11, 16 • In Columnas, Política, Tapa

Un año de gobierno. Cornejo, de la estirpe de los Llaver y los Iglesias. Empeñado, hoy, en poner el Estado al servicio de la gente

El gobernador Cornejo en su primer año de gobierno. (Ilustra Diego Juri para UNO)

El gobernador Alfredo Cornejo en su primer año de gobierno (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Mendoza, tierra dura y sufrida por antonomasia, pide el máximo de sus fuerzas a quienes la habitan. Más aún a quienes pretenden enseñorearse de ella.

Hay que tener estirpe de cactus para subsistir cuando se desatan sus calamidades. Sus terremotos, sus vientos Zonda, sus sequedades.

Alfredo Cornejo, que acaba de cumplir su primer año de gestión, pertenece a esa raza de gobernadores radicales adustos, firmes, por momentos indescifrables tras su escasísima propensión al palabrerío, al torrente discursivo.

Son los hombres-cactus que dio el partido. Los Llaver. Los Iglesias.

La casta de los estoicos. Graníticos. Los cara de piedra.

Un campo minado
Salvo Julio Cobos, que cultiva un estilo disímil al de sus correligionarios merced a su notable campechanía que lo pone en contacto directo y fluido con la gente; salvo Cobos, decíamos, a Cornejo lo persigue el sino de sus demás antecesores.

Que consiste en hacerse cargo de situaciones extremas, con la población al borde de la angustia.

Felipe Llaver, de la mano de su correligionario Alfonsín, emergió del infierno dictatorial.

Iglesias, el Mula, junto a otro correligionario, De la Rúa, heredó las bombas con mecanismo de retardo que había plantado el menemismo.

Cornejo llega sin un radical en la cúspide. Aunque Macri es un amigo político, cuya misión, como antes le pasó a De la Rúa, es sortear las trampas que sembró el kirchnerismo.

La historia habitual.

La novedad es que el país lleva treinta años continuos de democracia. Con todo lo bueno que implica haber naturalizado el voto popular como herramienta del cambio.

Pero, también, con todas las cuentas pendientes que se acumulan desde la “democracia como ilusión” que inaugurara Alfonsín, hasta hoy.

Se trata, la nuestra, “de una democracia que ha acentuado el malestar de los argentinos, su fastidio, y que ha incrementado su grado de anomia, escepticismo político, intolerancia e inseguridad civil”, como señala el estudioso Hugo Quiroga.

Un campo minado.

Sin brotes verdes ni humo
Cuando el exgobernador y exvicepresidente Julio César Cleto Cobos, siguiendo el juego periodístico, calificó en Nihuil el primer año del gobierno de Macri con un 6 y el de Cornejo con un 9, estaba dando una exacta medida de lo que ocurre.

¿Por qué el Gobernador saca mejor nota que el Presidente, si Mendoza es una provincia con endeudamiento crónico, rígida matriz productiva y, por lo tanto, enteramente dependiente de los recursos nacionales?

Razones a la vista: Cornejo, de firmes convicciones, muestra carácter para llevarlas a cabo y, fundamentalmente, una autoridad política de la que no goza Macri.

El radicalismo posee mayoría en la Legislatura, Cornejo maneja el partido con puño de hierro y carece de una oposición desestabilizadora, in extremis, como la que acosa al Presidente, incluyendo movimientos sociales, piqueterismo de distinta laya y un gremialismo chupón.

Y otra ventaja: la población tenía certeza de que Paco Pérez dejaba la Provincia en situación de colapso (del mismo diagnóstico se beneficiaron intendentes como el lujanino De Marchi o el guaymallino Iglesias).

El kirchnerismo, en cambio, con muchísima más caja propia que Pérez, pudo embozar el hondo declive hasta el mismo traspaso de mando.

Sentado sobre esa certidumbre y empeñado en combatir el “populismo vendehumo”, Cornejo tomó la precaución de no embarcarse en vanas ilusiones. En vez de prometer brotes verdes para el segundo semestre, anticipó, tempranero, sangre, sudor y lágrimas para fin de año.

Nadie puede aducir que no estaba avisado.

Un jardín lleno de espinas
El “jardín” que propone el gobernador, por lo dicho, no está sembrado de flores aterciopeladas sino de cardón, de jarilla, de algún piquillín.

Flora del desierto.

Para que dure. Y sirva al ciudadano.

Su atención, pues, este año, se concentró en el rollizo Estado provincial, fuente primordial de déficit y malas prestaciones.

Clarísimo. El viernes, al cumplir su primer aniversario, dijo en Twitter que “con un Estado sano, lo que viene será mejor que lo que tenemos”.

El ítem aula, en ese sentido, fue su bandera flamante. Que lo ha hecho destacarse en el país.

Los docentes estatales siguen despotricando. Pero hoy abunda el personal en los colegios.

Se atenúa la fiesta de abusos en licenciamientos como el que llevó a hocicar a la fiscala Anabel Orozco.

Hay otras batallas focales. Mayores. Como la que libra en la Justicia. Porque ve ahí, en las covachas garantistas o abolicionistas, un germen de desidia, de oportunismo político y hasta de vil negocio camarillesco que les termina haciendo el caldo gordo a los delincuentes.

Cuenta, para esta cruzada, con la simpatía de fondo de la población.

Ahora bien, el año entrante, en su parque xerófilo, Cornejo deberá colocar alguna planta que adorne la vista y contente el alma.

Para no abrumar con exceso de desierto.

Su suerte, a ese respecto, estará atada indisolublemente al desempeño del gobierno nacional.

A un cielo o a un purgatorio prestados.

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