El adiós de Vaquié tiene más luces que sombras

El adiós de Vaquié tiene más luces que sombras

mar 12, 17 • In Columnas, Política, Tapa

Cambio incruento. Su ingreso al Nación lo descarta como eventual sucesor de Cornejo. Pero puede ser muy útil para Mendoza

El superministro Kerchener y el saliente Vaquié. (Ilustra Diego Juri para UNO)

El enroque: Martín Kerchener, nuevo superministro en lugar de Enrique Vaquié (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Mientras se dispone a afrontar las exigencias de un desafiante año electoral, el gobierno de la Provincia debió realizar su segundo recambio ministerial del verano.

Lo bueno del caso es que ninguno obedeció a una crisis de gestión en las áreas afectadas. Fueron razones estrictamente individuales de los funcionarios en cuestión.

Rubén Giacchi abandonó Salud por conflictos en su vida íntima.

Lo de Enrique Vaquié no estuvo impulsado por error alguno sino, contrariamente, por méritos profesionales. Una decisión individual, aunque sustentada en la política.

Ambos, Giacchi y Vaquié, eran piezas valiosas para el gobernador Alfredo Cornejo. Eran dos de sus buenos ministros.

Giacchi, entre otras cosas, le garantizaba un diálogo efectivo con los gremios de su sector.

Vaquié era un superministro, con tres ramas vitales a su cargo: Economía, Infraestructura y Energía. Tres áreas que, hoy, son el puente de plata para salir del pozo y posibilitar una decente perfomance en las urnas.

Dos bajas, en suma, que Cornejo no eligió. Se las eligió el azar de las circunstancias. El vaivén de la zarandeada política criolla.

Vaquié y la decisión de Sophie
El reemplazo de Giacchi, en enero, no generó dudas en el Gobierno. En manos de la Justicia por un caso personal antipático, no había margen para mantenerlo en su cartera.

El caso de Vaquié es muy distinto. Se trataba de la principal pieza del gabinete, en cuanto a la gestión actual. Y se perfilaba, asimismo, como el candidato principalísimo del radicalismo para suceder a Cornejo en el sillón de San Martín, siempre y cuando, claro, el gobernador no consiga abrir una vía de reelección, reforma constitucional mediante.

Y teniendo en cuenta el inveterado pijoterismo de la política vernácula, su enanismo actitudinal, lo más probable, entonces, era que Vaquié, al menos a esta altura de los acontecimientos, quedara ubicado, sin muchos rivales a la vista, en la pole position de la sucesión gubernamental.

Decidió otra cosa. Siendo fiel a su veta técnica, apostó por el llamado de Buenos Aires para colocarse detrás de un conocido suyo, Javier González Fraga, en la conducción del Banco Nación.

Es un juego más amplio, con todo el escenario nacional por delante. Juego grande -y, por ende, más riesgoso- del que se bajaron, en su momento, piezas destacadas como Gabriel Fidel en Turismo o Ernesto Sanz en Justicia, si bien este último mantuvo su relevancia como operador de confianza del Presidente; tanto que hoy ofició como uno de los bendecidores para el salto de Vaquié.

Vaso medio lleno y medio vacío
El adiós de Vaquié tiene consecuencias positivas y algunas negativas para el ámbito provincial.

“¡Se fue a cinco meses de las PASO!”, histeriquean en el Ejecutivo quienes reconocen el gran peso que recaía sus hombros en cuestiones medulares de la administración.

En una zona más recóndita, cayó sobre su nutrida tropa local el síndrome del abandono. Desde que fuera precandidato a gobernador, Vaquié vino contando con un fiel séquito que pasó a secundarlo en Economía en espera de la proyección final. Que ya no se dará, por su abandono del territorio.

“Lo bueno es que ahora Mendoza tendrá un embajador de lujo en la Capital”, indica alguien ducho en la alta política.

Muy respetado en los equipos económicos de Macri, desde la vicepresidencia del Nación, que es “el” banco para la Provincia, los aportes de Vaquié pueden resultar invalorables.

Hay un antecedente significativo: cuando el exgobernador Rodolfo Gabrielli fue puesto en la vicepresidencia del Nación por Duhalde, en 2002. Mientras Argentina ardía, el Rolo se portó como un amigo leal de Mendoza.

Un gabinete aún más sólido
A Cornejo estos cambios no le movieron un pelo. Sacando pecho por su firme manejo del conflicto docente (sobre todo, comparándolo con la inestable situación de Buenos Aires), el gobernador llenó el hueco con dos rápidos movimientos ajedrecísticos.

En un enroque corto para reemplazar al superministro Vaquié, puso a su hombre de mayor confianza, hoy por hoy, Martín Kerchner, quien, aparte de su capacidad laboral, es un comunicador más fluido y fogoso.

Y en Hacienda, ascendió a Lisandro Nieri, un “cuadro” ligado a Vaquié, pero unánimemente ponderado en el Gobierno por su solidez técnica.

La opinión de Cornejo sobre Nieri lo dice todo: “¡Es fantástico!”.

¿Qué le espera a Kerchner en este segundo año de gestión y con las elecciones legislativas por delante?

Su vara es alta. Cree que, tras ordenar la pesada herencia, el año pasado, ahora viene la fase dos del gobierno, el momento del sobrepaso, con el aumento de la inversión en obra pública como base.

Se concentrará, como Vaquié, en la energía “como vector de desarrollo”. La idea -estratégica- es vender valor agregado desarrollando al máximo todas las variantes: eólica, hidroeléctrica, solar, hidrocarburífera.

La otra pata apunta a lo que él llama “la Mendoza logística”, como centro de transferencia para el Mercosur.

Apuntes preliminares del nuevo superministro de Mendoza. Como lo fuera antes Vaquié. Y, mucho antes, Aldo Ostropolsky, el padre conceptual de todos ellos.

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