Mendoza, estancada y pobre: urge modernizar

Mendoza, estancada y pobre: urge modernizar

abr 2, 17 • In Columnas, Política, Tapa

Sin alternativas. Los humillantes datos sociales y económicos ponen a la Provincia ante a un solo camino: dar un salto de calidad

El ministro de trabajo Dalmiro Garay en su empuja la modernización del estado. (Ilustra Diego Juri para UNO)

El ministro de Gobierno, Dalmiro Garay , ante los desafíos de la modernidad (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Mendoza está estancada. Y pobre. Los números que han quedado sobre la mesa son insultantes.

Según el INDEC, un 33% de la población del Gran Mendoza subsiste bajo la línea de pobreza.

El gobernador Alfredo Cornejo, que repudia a los vendedores de humo que lo antecedieron, ennegreció el panorama con mediciones propias. La Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas provincial elevó dicho porcentaje a 35%.

Por su parte, Martín Kerchner, a cargo de la triple cartera de Economía, Infraestructura y Energía, viene dando a conocer, en privado y en público, a quien quiera oírlo, otra cifra que duele: la economía mendocina, en los últimos 20 años, solo ha crecido un 0,4%.

El dato, surgido de un informe del IERAL, además de provocar vergüenza, explica muchas cosas. Entre ellas la pobreza. O la escasa creación de empleo en el sector privado.

Un camino de una sola mano
Dadas las circunstancias, a la Provincia no le queda otra alternativa que dar el salto adelante. Pese a la tenaz resistencia de las viejas estructuras, cómodas en su tiesura.

Durante la semana, el Gobierno recibió la visita del ministro de Modernización de la Nación, Andrés Ibarra, que viene transmitiendo su prédica innovadora por el país.

Mendoza ha adherido a este plan que llevará a firmar, en breve, el llamado Compromiso Federal por la Modernización del Estado.

Pero no hizo falta el pedido de Ibarra ni la zanahoria que les pone por delante la Nación a las provincias.

Hubo un avance propio y temprano de la actual administración.

La modernización mendocina se viene moviendo en dos ejes, uno destinado a mejorar la gestión y otro en el plano político. El segundo es mucho más difícil que el primero.

Hacia la Mendoza digital
Para todas las faenas de rejuvenecimiento estatal Cornejo cuenta con una primerísima espada, su ministro de Gobierno, Dalmiro Garay, apasionado, hoy por hoy, con la misión encomendada.

No es para menos.

La proyección es, ya de por sí, apasionante, porque incluye, entre muchos otros puntos, ir hacia un país digital, con mejorados servicios de Internet; hacia la capacitación del empleado público en tecnología y gerenciamiento, para que sirva mejor al ciudadano y mejore su propia carrera; hacia el fortalecimiento de la conectividad, con apoyo presupuestario de la Nación. Etcétera.

En algunas áreas se avanza más que en otras.

Por ejemplo, está en marcha la implementación de los expedientes electrónicos en reemplazo de la vieja y lenta papelería.

Otro paso adelante es el ingreso por concurso a los cargos del Estado.

En materia de conectividad, se podría mencionar, en un abanico de iniciativas, los seis millones de dólares aportados por el BID que se destinarán a un servidor que ayudará integrarse también a los municipios.

Tener una ventanilla única para hacer trámites y, también, para pagar todos los servicios es el sueño del hombre de a pie.

Hay demoras, mientras tanto, en el desarrollo de una herramienta clave: la plataforma para el llamado Legajo ciudadano, que permitiría concentrar los datos de cada persona en un solo sitio.

Falta tecnología. Y falta completar un consenso político. “Estamos lejos”, admiten en el Gobierno. Pero le asignan gran importancia a futuro.

¿Desdoblar o no las elecciones?
La cuestión política va a ser más compleja porque en eso ha consistido la cinchada partidaria en estas últimas décadas: en ponerle palos en la rueda al adversario.

Una de las consecuencias que produjo el obstruccionismo opositor fue haber aplazado, por enésima vez, una reforma constitucional.

Aunque no se lo diga públicamente, le terminaron haciendo un favor al gobernador. Cornejo no estaba demasiado convencido de alentar esta empresa. Lo hacía impelido por sus correligionarios. Pero para él el secreto está en otro lado: “Mejoren la gestión. Este es el tema, la única clave de nuestro éxito”, les repite una y otra vez.

Dalmiro Garay, mientras despeja esta cuestión (podría optar por un plan B, más modesto, que sería proponer una enmienda constitucional), pone su acento en lograr una reforma de la ley electoral.

La idea es poder establecer el voto electrónico, con boleta única y eliminando las colectoras.

¿De qué depende?

Entre otras cosas, de si las elecciones van desdobladas o en conjunto con las nacionales.

Desdoblando, se facilita la concreción general del voto electrónico. Debería institucionalizarse como una fecha fija: julio/setiembre para las provinciales, agosto/octubre para las nacionales.

No lo tiene decidido el Gobierno.

La oposición puja por la unificación. “Ellos saben que nuestra principal debilidad política hoy se llama Macri”, admiten los radicales.

Tendrán que pensarlo con detenimiento. Porque en 2013 hicieron una excelente elección. O sea, que ponen en juego ahora una cantidad importante de bancas. Y, con ello, su actual hegemonía en la Legislatura.

Es una partida de ajedrez.

Que no condiciona la modernidad.

La modernización (o el estancamiento) está en la cabeza de cada uno de los cuadros dirigentes.

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