Nélida Rojas, “la madre de todas las bombas”

Nélida Rojas, “la madre de todas las bombas”

abr 16, 17 • In Columnas, Política, Tapa

Damnificados por doquier. El caso de la cabecilla de la Tupac Amaru afecta al oficialismo, a la posición y a gente muy necesitada

Nélida Rojas, la líder de la Tupac Amaru mendocina. (Ilusra Diego Juri para UNO)

Nélida Rojas, la líder de la Tupac Amaru en Mendoza (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

El mundo no para de hablar, en estos días, de “la madre de todas las bombas”, el nuevo chiche que le permite al presidente Donald Trump sentirse como John Wayne en una película del Viejo Oeste.

En el ámbito provinciano podríamos aprovechar la notoriedad explosiva para trasladarla, como metáfora, a la política.

En ese sentido, el caso Nélida Rojas se volvió nuestra “madre de todas las bombas”. No por el poder letal, precisamente, sino por su capacidad para expandirse en derredor.

Así como la GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast lanzada en Afganistán genera “una ola de explosión masiva que se extienden por un radio de 1,6 kilómetros”, la bomba local del affaire Tupac Amaru también derramó su perturbador efecto en redondo, con vastos alcances.

No conmocionó en una sola dirección. Terminaron impactados tanto el oficialismo como los sectores mayoritarios de la oposición. Aunque de manera muy diferente.

Bomba en el oficialismo
Para el gobierno de Alfredo Cornejo la detención de la cabecilla de la Tupac Amaru en Mendoza y de sus allegados, no produjo ruido alguno en materia política.

Reafirma un camino trazado.

Por eso mismo, no hubo mayores comentarios cuando el kirchnerismo y el verborrágico defensor de Rojas, Alfredo Guevara, pusieron el grito en el cielo afirmando que se trataba de una “persecución política” e, incluso, de “caza de brujas”.

Había poco y nada que sobreargumentar al respecto.

El ruido mayor, el fuerte chirrido, ocurrió hacia adentro de los estamentos oficiales.

Fue una suerte de implosión producida por las filtraciones que alertaron tempranamente a Guevara, permitiéndole que acercara a su defendida hasta las autoridades antes de la llegada de la policía, con las órdenes de allanamiento pertinentes.

“No tengo porqué develar quién me dio el dato. ¿O ustedes los periodistas dan a conocer sus fuentes de información?”, contraatacó Guevara en el programa Séptimo Día de Canal 7 cuando se le preguntó quién le había pasado el santo y seña.

Con cual, de modo indirecto, confirmaba la existencia de un chivato dentro de las fuerzas actuantes.

Para el Gobierno fue un hecho “grave”. Por lo que continúan las pesquisas para dar con el “topo” (o los topos), pues el proceso en torno a la Tupac Amaru pinta para largo.

¿Adónde apuntan las principales sospechas?

“Cada vez más se inclinan hacia el ámbito del juzgado”, dicen, escuetamente, en el oficialismo.

Esto quiere decir, el Sexto Juzgado de Garantías.

Se mira, oblicuamente, mientras tanto, “hacia todo el personal participante de Lavalle , es decir, a policías, investigadores y ayudantes de fiscales que viven allá”, porque, como recelan los sabuesos, “las relaciones de la Tupac y la intendencia llegan a todo el departamento”.

Bomba en el peronismo
Para el peronismo mendocino en general el caso de Nélida Rojas no asume proporciones graves, pero sí muy molestas.

Frente al calendario electoral en marcha, con la imperiosa necesidad de recuperar el favor de la ciudadanía, nada la podía resultar peor al PJ que quedar en medio de un proceso de corrupción como este. Es evidente que no tomará partido por el Gobierno. Pero tampoco hará lo propio con la defensa cerrada de la mandamás de la Tupac Amaru que montó La Cámpora.

Sobre todo, teniendo al vicepresidente partidario, el intendente lavallino Roberto Righi, colocado en la primera línea de fuego.

Es así que Righi salió con prontitud a diferenciarse del argumento de “persecución política” esgrimido por el kirchnerismo, para abogar, en contrapartida, por un eficaz y abarcador accionar de la Justicia.

“Quiero que se investigue todo, con absoluta libertad. Y que luego los medios difundan las conclusiones”, es su enfático pedido de hoy.

Asegura estar acompañado por los demás jefes zonales del partido. Y agrega: “No estoy de acuerdo con puentear al Estado con cosas que debe hacer el Estado mismo”.

Hay, al mismo tiempo, otra certeza respecto de los dirigentes de la Tupac Amaru involucrados: “Esta gente ni siquiera es afiliada al peronismo”, repiten en el PJ.

Básico.

Bomba en el progresismo
Si para el justicialismo el caso es incómodo, para las denominadas fuerzas progresistas de la provincia el dolor de cabeza es aun mayor.

Deben defender, por obligación de banderías, a Nélida Rojas y compañía. El problema es que las supuestas víctimas son todas personas humildes, de condición precaria.

Se investigan, desde hace dos años, delitos como estafa, coacción, usurpación, extorsión, asociación ilícita… con abundancia de pruebas y abundancia de damnificados.

No se trata, por otra parte, de una lucha de pobres contra pobres.

El entorno de Rojas suele moverse en autos de alta gama. Muy caros.

Un matiz lo aporta nada menos que Carlos Aguinaga, cuyo estudio jurídico representa a víctimas de la Tupac: “Resulta que ahora La Cámpora quedó defendiendo a millonarios en contra de gente necesitada. Se ha dado vuelta la torta”.

¿El Mundo del Revés? Donde dos y dos son tres.

Y cabe un oso en una nuez.

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