Lava Jato, mani pulite… ¿y la Justicia Legítima?

Lava Jato, mani pulite… ¿y la Justicia Legítima?

jun 4, 17 • In Columnas, Política, Tapa

Anticorrupción al rojo vivo. El “efecto Brasil” ha reavivado la cuestión del dinero sucio. Un paréntesis en la campaña electoral

El goberrnador Cornejo y Lilita Carrió en su paso por Mendoza. (Ilustra Diego Juri para UNO)

Yo te explico: Lilita Carrió y el gobernador Alfredo Cornejo (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Paréntesis obligado en la campaña para las legislativas de octubre por los altisonantes casos de corrupción que han vuelto al ruedo en estos días.

Es parte del efecto Brasil, que trasciende la cuestión económica.

Tanto es así que la visita más significativa de la semana a la provincia, la de Elisa Carrió, tuvo como asuntos determinantes los relacionados con el dinero sucio.

“Yo quiero un Lava Jato en Argentina”, ratificó Lilita, con la contundencia que la caracteriza.

En su ronda de elogios a políticos locales -para marcarle el terreno al gobernador Alfredo Cornejo-, Carrió hizo especial mención de dos sus preferidos: Gustavo Gutiérrez y Arturo Lafalla.

Nacidos en fuerzas políticas dispares, han sido, sin embargo, dos de los sabuesos más combativos, en materia de transparencia, que ha dado Mendoza en los últimos tiempos.

Dos jacobinos de una pieza, se diría, buscando una fácil alegoría.

Almas gemelas de Carrió.

Nada más acorde con los tiempos que corren.

Ocaña, otra dura fiscal
Es tiempo de ocuparse abiertamente de la corrupción, impulsados por el aire de los nuevos tiempos, pero también aprovechando el contagio que viene de la región.

Y dentro de ese impulso fulguran damas de hierro como Carrió y Stolbizer, que ocupan el podio de los políticos con mejor imagen del país junto a la bonaerense María Eugenia Vidal, según algunas consultoras.

Carrió y Stolbizer, dice Jorge Fontevecchia en su interesante columna Corrupción como factor electoral, son, en sus respectivas alianzas políticas, “cada una de ellas una especie de vacuna de valores más un sello de garantía anticorrupción”.

A ese equipo femenino se podría añadir, con total justicia, la ex ministra de Salud y legisladora Graciela Ocaña, quien afirma -o reafirma- que estamos, hoy, en “un alto nivel de corrupción” en el país.

Un país que suele esconderse detrás del cómodo parapeto que significa el “roban pero hacen”.

Ocaña vendrá a Mendoza el próximo viernes para cerrar, en la sala Islas Malvinas de Las Heras, el exitoso Ciclo Planeta, presentando su libro Contra la corrupción.

Entrevistada ayer, a tales efectos, por el programa La Conversación, en Radio Nihuil, señaló que “cuando la corrupción se generaliza, cuando la impunidad es la regla y no la ley, tenemos procesos como el que está viviendo ahora Brasil o el mani pulite de Italia, en su momento”.

En ese estado de cosas que arrastra a las castas de la política, del sindicalismo y del empresariado, debe estar presente la Justicia.

Pero en la Argentina, entiende Ocaña, hay una dificultad “muy, muy grande”, para que la Justicia se ponga al frente y encabece los procesos de limpieza.

Es un sistema judicial “sumamente lento y engorroso”. Lo sabemos.

Justicia Legítima, ese tapón
Ante el estallido, imparable, del caso Odebrecht, quedó en el centro de la escena la procuradora general Alejandra Gils Carbó.

Mauricio Macri la señala expresamente como responsable de demorar la información sobre las coimas que pagó Odebrecht en el país.

Sin ambages, el Presidente dijo que Gils Carbó creó cortinas de humo para “amparar delitos que se cometieron en la época del kirchnerismo”.

Ocaña lo dijo parecido: “Tenemos una procuradora general que, más que jefa de la búsqueda de la verdad, es la jefa del encubrimiento, porque es una funcionaria que se ha identificado con Justicia Legítima” .

Pues bien, trayendo el asunto a la provincia, ¿cuánto de Justicia Legítima opera en Mendoza?

En larvada resistencia
En la provincia, como se dijo, el Ejecutivo local cuenta con varias ventajas respecto de su par nacional.

Una de ellas, justamente, se relaciona con la jefatura de los fiscales. Mientras Macri debe soportar a Gils Carbó como un inconcebible enemigo interno, Cornejo dispone de un procurador, Alejandro Gullé, consustanciado con su credo judicial.

Para ser justos, nunca hubo una Gils Carbó en la nómina provincial. Es más, el anterior procurador, Rodolfo González, fue maltratado cuando el Frente para la Victoria se hallaba en la cresta de la ola.

“Querían sacarlo para poner a Dante Vega en su lugar”, recuerda hoy un memorioso del área gubernamental. “En el colmo de la embestida, pretendían, convalidados por la Corte bajo liderazgo abolicionista, meterlo preso a González por más de 800 detenciones que ellos consideraban -falsamente- ilegales”.

El cambio de rumbo en la política, hace dos años, atenuó las ínfulas de Justicia Legítima.

¿Cuánto afecta esto, operativamente, al gobierno mendocino?

“No mucho”, aceptan los funcionarios de Cornejo. “La prensa los critica y, con ello, la gente, porque se está echando luz sobre sus fallos. Pero están larvados, con bajo perfil, en la Corte, en otros recovecos de la Justicia, en asociaciones de derechos humanos, en algunas cátedras. Les queda, sí, algo de juego político en el tema penitenciario. Nosotros les oponemos gestión”.

¿Larvados?

Claudia Piñeiro dice, en referencia a uno de sus personajes de Las maldiciones, su flamante novela: “A esta altura entendió que en política no importa tanto lo que uno cree sino lo que conviene creer”.

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