Sólo el PJ les da un sabor a unas primarias triviales

Sólo el PJ les da un sabor a unas primarias triviales

jun 25, 17 • In Columnas, Política, Tapa

Fin de la rosca. Las listas confirman realidades partidarias: liderazgo en la UCR, crisis en el peronismo, seguridad en la izquierda

En la línea de largada: Claudia Najul del radicalismo y Omar Félix del PJ, dos de los principales precandidatos para agosto. (Ilustra Diego Juri para UNO)

En la línea de largada: Claudia Najul del radicalismo y Omar Félix del PJ, dos de los principales precandidatos para agosto (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Finalizado, anoche, el capítulo de danza y contradanza, de lapicero y goma, para llenar la comanditaria lista sábana (la benemérita, diosa tutelar de la santa hermandad política), ahora sí vienen las PASO.

Las vacuas, onerosas e inútiles -salvo excepciones- primarias abiertas y simultáneas de agosto que nos harán desembocar, por fin, en las legislativas finales de octubre.

Pocas son las excepciones, como la del peronismo mendocino, que podrían justificar este abultado gasto público y la incomodidad del soberano, cuyas prioridades actuales apuntan a otro lado.

A un lado muy distinto del que apasiona a la rosca partidaria y a un puñado de comunicadores.

Que se queden todos
¿Por qué tanto revuelo en torno a los comicios que se avecinan, al menos en la agenda mediática?

¿Qué pueden traer de nuevo los idus de agosto?

Salvo el resultado, el conteo último a nivel país para ir palpitando la recomposición de las cámaras legislativas, habrá muy poco de original a juzgar por los nombres rutilantes de cada fuerza. Por las caripelas de los que encabezan las listas y ofician, en consecuencia, de abanderados. Especialmente en la principal vidriera que representa Buenos Aires.

En Capital, compiten personajes archiconocidos, archicocinados en las ollas de la política criolla: Carrió, Lousteau, Filmus…

En Buenos Aires, donde, por el tamaño del distrito y por la atención que le brindan los grandes medios se libra la llamada “madre de las batallas”, es aún más repetitiva la cosa: Bullrich (ministro de Macri), Ocaña, Cristina, Taiana, Massa, Stolbizer, Solá, Randazzo, etcétera.

Incluso lo que más fuerza le estaría haciendo al oficialismo en la provincia es, a su vez, en estas elecciones, lo más vetusto de la política: Cristina en alianza con los barones del Conurbano. Lo rancio. Lo totémico del clientelismo.

Menem, anotado como candidato a senador en La Rioja, con sus 86 años a cuestas y pese a la condena por contrabando de armas a Croacia y Ecuador, es la refutación final, el entierro, con toda pompa y circunstancia, de aquel viejo grito de guerra, Que se vayan todos, exhalado en un momento cúlmine de la sociedad y hoy olvidado por resignación, indiferencia o cansancio.

La diferencia mendocina
La Argentina, globalmente, está asistiendo al último estallido de sus partidos tradicionales. El radicalismo hace un largo tiempo que ingresó en la trituradora y solo ha podido mantenerse a flote aferrado al salvavidas del macrismo, que es, por su parte, un cuasipartido, un partido en formación. Si es que…

El peronismo, como tal, también se viene disgregando lenta pero inexorablemente. Hoy representa cualquier cosa. Cualquier expresión cabe en su seno. Y cualquiera puede arrogarse su representación, sin importar, en lo más mínimo, su orientación ideológica. Sin importar el sello ni el escudo ni la marchita. Tampoco las fotos de Perón y de Evita, pues todo oportunista las cuelga como telón de fondo si anda necesitado de cierta chapa nac & pop.

¿Cuál es el peronismo que baja desde Buenos Aires? ¿Randazzo? ¿Ottavis, Ishii, Moreno? ¿Massa, Cristina, Máximo, Scioli?

En este mar de confusiones, es en el interior del país donde las fuerzas históricas conservan una razón de ser, con fortaleza propia.

Mendoza lo corrobora. Es aquí donde el radicalismo guarda su bastión más sólido, donde puede proyectar su luz al resto del país.

Y el peronismo, pese a estar desalojado del poder provincial, mantiene su identidad. Hasta tal punto que la grey camporista nunca amagó, siquiera, con presentar batalla por fuera del redil partidario.

Las listas: un fiel reflejo
La conformación de las listas mendocinas son un fiel reflejo de la actualidad de cada conglomerado.

La UCR se ordenó bajo el liderazgo del gobernador Cornejo quien, asentado en su autoridad, tuvo margen para mostrarse amplio en el reparto.

Lleva de cabeza de lista a su ministra de Salud, Claudia Najul, una firme y consecuente militante de años, que bien podría considerarse “tropa de Ernesto Sanz”. Le sigue Luis Petri, todo un dechado de coherencia con la propuesta sobre seguridad de la Provincia y de la Nación, y una pieza de aceitada relación con el gabinete del Presidente.

Hacia abajo, Cornejo fue generoso con la voluntad de sus intendentes.

La izquierda, al dar de baja finalmente su competencia interna entronizado la dupla femenina Barbeito-Sosa, confirmó que tiene una línea clara de acción y crecimiento.

Será el peronismo local, finalmente, el único que hará que las PASO menducas no tengan “sabor a nada”.

Dirimirá sus diferencias en las urnas. No podía ser de otra manera. Y les va a venir bien. Será saludable.

Ayudará a pasar la zaranda. A confirmar una nueva conducción. Y a poner una proa clara rumbo a 2019.

El sanrafaelino Omar Félix, el más fogueado en lides electorales, representará al sector con mayor peso territorial, el de los intendentes.

Jorge Tanús, con gran voluntarismo, encarna la resistencia dentro de la ortodoxia.

Y La Cámpora le terminará de poner pimienta a la interna más apasionante del PJ en años.

Bienvenida. Quizá les reditúe.

Y darán una razón de ser a unas PASO que no enfervorizan a la gente.

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