El “item Cornejo”, una manera de ser y de gobernar

El “item Cornejo”, una manera de ser y de gobernar

jul 9, 17 • In Columnas, Política, Tapa

Marcando la cancha. Al exigirles a los legisladores más contracción al trabajo, el jefe del Ejecutivo elevó el nivel de la campaña

El gobernador Cornejo y el ítem banca. (Ilustra Diego Juri para UNO)

Los hombres duros no bailan. El gobernador Alfredo Cornejo (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Cada año y medio, la política argentina, con inflexible regularidad y tozudez, pierde los estribos.

Obedece a un estímulo único, automático: dado que se ingresa en período electoral, todo vale con tal de sacar el mejor resultado posible.

Cortoplacismo al palo, podríamos llamar a esta característica que ayuda a delinear la más genérica y abarcadora argentinidad al palo.

Los resultados, luego de treinta y tantos años ininterrumpidos de ejercicio democrático, están a la vista: déficit fiscal astronómico, inflación al galope, pobreza donde sea, trabajo en negro general, asfixia tributaria, evasión, informalidad, economía encogida, costo nacional que hunde, corrupción, partidos políticos en desmembramiento…

La sintomatología es infinita. Imposible de abarcar. Y en ebullición.

Por lo cual, los discursos y gestos de campaña, en vistas de cada elección, se vuelven poco creíbles.

Igual para los actos de gobierno.

Quedan envueltos en el clima global de sospecha que han ido alimentando los políticos y funcionarios de estos tiempos.

Así la cosa, ¿cómo podría interpretarse la irrupción de Alfredo Cornejo, amenazando con aplicarle a la Legislatura un “ítem banca”?

¿Mero oportunismo de ocasión?

¿U obedece a causas más profundas, más constantes?

Un animal político
Si algo define al gobernador es su característica de animal político por excelencia. De pura raza.

Se forjó desde su juventud en un ámbito específico: la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

Huelga recordar su extensa carrera en este campo.

Su gesto, ante los legisladores, no puede ser interpretado, por lo tanto, a la ligera.

Define de manera clara lo que está ocurriendo con la esfera pública, en este momento, en Mendoza.

Quien no lo entienda, sobre todo desde el campo de la oposición, verá menguada su chance en los comicios de agosto/octubre.

¿De qué se trata, pues, la cuestión?

Usando de excusa el no haber tratado un par de leyes clave, Cornejo hizo, otra vez, lo que no supo (o no pudo) hacer Paco Pérez durante cuatro años de gestión y sí la presidenta Cristina Fernández con impasible uniformidad: marcar la cancha.

“La agenda, mal que les pese a los legisladores, la define siempre el Ejecutivo”, explica uno de los hombres pensantes del oficialismo.

Dos pájaros de un tiro
El gobernador, así, mató dos pájaros de un tiro.

Por un lado, se metió a la opinión pública en el bolsillo. Pedirles a los legisladores que trabajen más, que no sean vagos, suena a música en los oídos de la gente. Populismo básico.

Esa es la faceta coyuntural. Lo que introduce un clima de escalada en el calendario electoral en marcha.

Pero, por otro lado, obedece a un pensamiento de base de Cornejo.

Antes de asumir, incluso, venía declarando que el Estado debe ponerse al servicio del ciudadano (su verdadero dueño) y no al revés.

Cualquier ítem implementado o por implementar (para empleados públicos, legisladores, jueces o quien sea), responde a esa línea maestra.

La lógica de esto es irrefutable: puesto que la infernal maraña impositiva que agobia al ciudadano es difícil de aliviar en el corto plazo por obvias cuestiones de caja, lo mínimo que se le puede ofrecer en retribución es un Estado más atento a sus necesidades. Más amable. Menos ensopado en su propia salsa espesa.

El desafío opositor
La teoría de hierro del Gobierno y su consecución pragmática les presentan un estimulante desafío a las fuerzas opositoras frente a las urnas.

La izquierda que lidera Nicolás del Caño desde Buenos Aires y Noelia Barbeito desde Mendoza tiene la tarea más sencilla de todas: le basta con oponerse a todo. Desde el “ítem banca” en adelante. Con propuestas que se repiten de forma mecánica.

El peronismo, en cambio, debe hilvanar una estrategia más sutil. Una combinación ajedrecística. Pues necesita reconciliarse con las mayorías. Vivificar su romance con las masas, que es su razón de ser.

En ese sentido, tanto Omar Félix, representante del peronismo “gobernante” y asentado firmemente en el territorio, como Jorge Tanús, su desafiante en la interna, saben que tienen que apelar a la racionalidad y a la propuesta inteligente.

Ninguno va a patear el tablero ni a quemar ataúdes como Herminio.

Incluso entre ellos, para las primarias, se tratarán, en la medida de lo posible, con calculada caballerosidad.

Algún tuit ayuda a definirlos.

Félix: “La caída del salario, la crisis productiva y el déficit en las economías regionales significan menos trabajo, y eso es lo que hoy sucede”.

Tanús: “Vamos a presentar una ley que evite que aumenten las tarifas porque la gente no puede más”.

Juani Jofré, mientas tanto, aunque precisa lucir duro pues lleva la camiseta kirchnerista, tampoco puede activar el lanzallamas. No tiene margen: “Le queremos hablar a la Argentina profunda, a los que no encuentran trabajo o dejan de estudiar”.

Si la campaña electoral se sustenta en propuestas constructivas, ingeniosas, y no en sobados eslóganes de barricada, ganamos todos. Y todas.

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