Cristina, las redes y el virus de la nación zombi

Cristina, las redes y el virus de la nación zombi

sep 17, 17 • In Columnas, Política, Tapa

Grieta feroz. Poco útil le será una entrevista a la expresidenta en tanto los fanáticos de ambos bandos dominen la escena mediática

Cristina Fernández y sus seguidores. (Ilustra Diego Juri)

Z Nation. Cristina Fernández y los desafíos de esta hora (Ilustra Diego Juri).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Cuesta entender, desde una posición equidistante, a salvo de la aquerenciada grieta nacional, que una simple entrevista de rigor se haya vuelto el acontecimiento político de la semana.

Cuesta como la Argentina misma.

¿Por qué si Mauricio Macri no para de someterse a la requisitoria periodística, desde que llegó a la presidencia; por qué si la gran mayoría de los gobernadores -incluyendo al mendocino Alfredo Cornejo- hacen lo propio; por qué, entonces, causó tanto revuelo la charla de Cristina Fernández con Luis Novaresio?

¿Por qué si, encima, no pasó casi nada? ¿Si se oyeron las evasivas, las afirmaciones y los puntos suspensivos que nos sabemos de memoria?

Sucede que buena parte de nuestra política se hace bajo los códigos de la ficción. Es política ficción. Y Cristina ha construido un personaje fuerte, pendenciero, una de cuyos rasgos principales es no someterse a la consulta de los comunicadores, a quienes trata de manera peyorativa, incluyendo a los propios, a los más chupamedias. A estos últimos, sobre todo. A los che pibes.

Fue una de sus grandes marcas.

Que alimentó durante sus ocho años de presidencia. Y durante la campaña para las primarias 2017.

Hasta que los resultados de las elecciones no la satisficieron.

Recién ahí varió el personaje. En la tercera temporada de esta -¿exitosa?, ¿decadente?- serie criolla.

¿Para qué sirvió?
CFK aceptó la plática con Novaresio tras negociar los términos generales con Daniel Hadad, el dueño de Infobae, porque necesita mejorar su rendimiento en las urnas para octubre.

No hay ninguna otra razón.

¿Amplió o redujo su base electoral?

Es problemático evaluarlo.

Cristina cuenta con un elenco de seguidores de una fidelidad próxima al fanatismo. Es un núcleo duro que no le cuestiona nada, que le cree todo y que está dispuesto a acompañarla hasta las puertas mismas del infierno, si hiciera falta.

Es como una nación zombi, que solo marcha hacia adelante, con un único objetivo entre ceja y ceja.

Su mayor expresión ritual fueron los aplaudidores que hacían de claque en cada cadena nacional.

Tal fue el horror causado por este tipo de liturgia cristinista que terminó engendrando su antítesis, una fuerza opuesta igual de fanática e intolerante, para quien nada de lo que hayan hecho, hagan o digan Cristina y sus laderos merece rescatarse. Todo les huele deplorable.

Es la nación zombi rival. O espejo antizombi. Un ejército de autómatas, de trolls o como se llamen.

Esta puja avinagrada, que no admite diálogo ni reciprocidad alguna, quedó patéticamente expuesta tras el interviú. Infestó la redes sociales.

Como infesta cualquier tema, así sea la muerte de Nisman, el pacto con Irán, los Panamá papers, la desaparición de Maldonado, el líder mapuche Jones Huala de pasado flogger o hasta el robo a Pérez Esquivel.

Todo, a través de la grieta, discurre como en una cloaca.

“A mí me decían yegua, puta y montonera”, le dijo Cristina, gran zapadora ella, a Novaresio.

He ahí el tono de la contienda.

Cada uno en su burbuja
El problema más grave de esta camorra “a la argentina” es que, encima, hoy los sistemas que rigen el mundo (Google, Facebook, etc.) llevan, mediante las búsquedas personalizadas, a que cada uno se reafirme en sus convicciones particulares, en vez de abrirse a los demás.

“Tu pantalla de ordenador es cada vez más una especie de espejo unidireccional que refleja tus propios intereses”, advierte un formidable especialista como Eli Pariser.

Y añade: “La democracia precisa de ciudadanos que vean las cosas desde el punto de vista de otros, pero en vez de eso cada vez estamos más encerrados en nuestras burbujas”.

Una líder mundial como la alemana Angela Merkel, en plena campaña electoral, acaba de admitir que “estamos muy limitados si solo recibimos información de las cosas que es probable que nos gusten”.

Señala, por lo tanto, que “cambia la manera en la que se forman las opiniones en la sociedad si uno solo es consciente de una parte de la información y si no hay una base del saber común y de los hechos en los que deben apoyarse las opiniones”.

Salir de la grieta
Si el mundo empuja hacia la burbuja y la riña nacional ahonda cada vez más la grieta, ¿cuál es la salida?

Que la porción de población que no está embanderada sectariamente con algún bando, se ensanche cada vez más. Que se convierta en “la ancha avenida del medio”.

Esa es la porción dúctil de la ciudadanía, capaz de ofrecerle opciones racionales, utilitarias y democráticas al país en cada una de sus fases.

Es el motor evolutivo. Y a ella apelaron, justamente, los tres principales candidatos presidenciales de 2015, Macri, Massa y Scioli, con su discurso de moderación.

Scioli, de los tres, terminó siendo el más perjudicado en su estrategia, porque Cristina le ató unas piedras al cuello, como Aníbal y Zannini.

De esta encerrona necesita escapar Omar Félix, el candidato número uno del PJ en Mendoza para octubre, un conductor prudente y reflexivo a quien la grieta ácida no le sienta bien.

Adalid de la gestión del cambio, Virginio Gallardo enseña que “no reinventarse es la forma más confortable de morir, dulcemente, sin percibir que eres incapaz de adaptarte en un mundo que desaparece”.

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