Una gran oportunidad para ir sellando la grieta

Una gran oportunidad para ir sellando la grieta

nov 19, 17 • In Columnas, Política, Tapa

Acuerdos varios. Mientras la Nación avanza en el diálogo con los gobernadores y los sindicatos, Mendoza mantiene su fisura judicial

El gobernador Cornejo con Macri y el flamante presidente de la Corte Jorge Nanclares. (Ilustra Diego Juri para UNO)

El gobernador Cornejo con Macri y el flamante presidente de la Corte Jorge Nanclares (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Algo para entusiasmarse, por fin, luego del periodo electoral en donde los enfrentamientos a dos bandas alcanzaron un punto culminante.

El caso Maldonado fue el culmen del absurdo y la exageración deformante para sacarle a la grieta sus últimos jugos.

No dio el rédito esperado.

Ese fruto -la grieta a cualquier costo- tiene poco para aportar, hoy por hoy, como táctica política.

Lo cual explica el nivel inédito de acuerdo, para las últimas décadas, en ámbitos que parecían infranqueables. Como el sindical.

El otro foro de diálogo que funcionó con un carácter que la mayoría de los protagonistas calificó, con pertinencia, de “histórico”, fue el que urdió la Nación con las provincias.

Macri y los gobernadores le dieron otro aire al país. Otro clima político.

Una oportunidad de oro para salir del pantano y de la inquina permanente.

Bandera federal
La base de los principales entendimientos que se han ido tejiendo en estos días es económica.

Urge paliar el déficit, bajar la inflación, recuperar competitividad, recomponer la balanza comercial, atenuar la feroz presión impositiva, etcétera.

Un larguísimo etcétera para un país que mantiene a buena parte de la población en la pobreza y a buena parte de la fuerza laboral en negro. Entre otros males, que se han vuelto estructurales.

Aun así, pese al imperativo económico que motiva a sentarse a una mesa común, lo más llamativo, en cuanto a cambio de paradigma -o de manera de ser- tiene que ver con los modales políticos.

Visto desde las provincias, desde la nuestra fundamentalmente, que el gobernador pueda reunirse con sus pares de otros partidos para negociar e intercambiar pareceres, cara a cara, con la Presidencia, es un acontecimiento clamoroso.

Hasta tal punto que no nos hemos terminado de dar cuenta. No hemos dimensionado el hecho, todavía.

Tan acostumbrados veníamos a agachar la cabeza. A obedecer con la cola entre las piernas. A aplaudir como focas en el circo, con el gobernador a la cabeza, cada vez que lo ordenaban desde la Casa Rosada.

Pasó, mayormente, en los tres últimos mandatos. Y de manera exacerbada con Celso Jaque y Paco Pérez.

Jaque, es probable, gozaba bastante con esa dialéctica torcida del amo y del esclavo. Se le notaba en el semblante cada vez que la presidenta Cristina le destinaba aunque fuera una mirada fugaz, de soslayo.

Pérez no. Era más calentón. Cargaba más ego. Pero disponía, a su vez, de menos hilo en el carretel. Menos recursos. “¿Qué querés que haga?”, solía justificarse en privado. “Si no les sigo el juego, me revientan desde la Presidencia”.

Y lo reventaban. Ciertamente.

Alfredo Cornejo, por fortuna, logró forjar otra relación con Macri. Es de plantarse cabeza en alto, si bien depende de los dineros nacionales. Le da hasta para reclamar, y en voz alta, por el impuesto al vino.

Los números irán diciendo cuánto ganamos y cuánto perdemos en cada acuerdo.

Pero haber recuperado dignidad en el trato es el gran éxito de estos días de posverdad. ¿Y de posgrieta?

Nanclares: la antigrieta
En lo nacional, la Provincia va restañando algunas serias heridas.

Hacia adentro, sin embargo, le quedan fisuras complicadas. Son herencias del pasado reciente que, en estos dos años, no han podido cicatrizar convenientemente.

La más importante tiene que ver con el Poder Judicial, donde la colonización kirchnerista a través de Justicia Legítima mantiene un considerable poder de fuego.

El centro del problema es fácil de detectar. Está en la cumbre de ese conglomerado. En la Suprema Corte, donde el Gobierno dice padecer una frontal, indisimulada y pertinaz acción opositora, que bloquea los cambios orgánicos que viene fomentando el gobernador Cornejo.

Un capítulo cercano fue, en materia de juicios laborales, el fallo sobre intereses moratorios para litigios tramitados en la Provincia.

“La Corte puso una tasa que invita al litigio y al costo laboral, rompiendo la competitividad de Mendoza”, se quejan en el Ejecutivo.

Una queja más.

Que apunta, sin ambages, al terceto peronista que habita en el tribunal más el miembro “exradical”, en alusión a Alejandro Pérez Hualde.

La manera de atenuar los daños ha sido promover la presidencia de Jorge Nanclares, un hombre moderado, dialoguista, permeable a la renovación, que estuvo trabajando durante dos años junto al subsecretario de Justicia, Marcelo D’Agostino, en la redacción del Código Procesal Civil.

Al mismo tiempo, se activó una jugada política de más alto vuelto: la ampliación de la Corte a nueve miembros, algo que Cornejo, hasta hace poco, descartaba con énfasis.

Pero ahora lo exigen las urgencias políticas (que los peronistas tildan de apetito “hegemónico”) y también la necesidad práctica. La ampliación, entre otras ventajas, contribuiría a aliviar la Sala II, que recibe el 70% del total de las causas que ingresan a la Corte.

Un despropósito.

El martes próximo el proyecto podría tener vía libre en el Senado.

Los vientos políticos del país soplan en una dirección.

La Provincia no quiere perderse el enganche de ese rumbo.

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