Austero, gris… un duro para este tiempo duro

Austero, gris… un duro para este tiempo duro

dic 17, 17 • In Columnas, Política, Tapa

Oportunidad. Presidir la UCR le ensancha a Cornejo su espalda política y le permite a Mendoza potenciar su esfera de influencia

El gobernador Cornejo, flamante presidente de la UCR. (Ilustra Deigo Juri para UNO)

Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza y ahora presidente nacional de la UCR (Ilustra Deigo Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Un hombre, un conductor acorde con los tiempos que corren. Los severos tiempos de esta Argentina que no se da tregua. Ni siquiera en vísperas de Navidad.

Tal exigencia de perfil es lo que debe haber primado para la elección, sorpresiva, de Alfredo Cornejo como presidente nacional del radicalismo.

Resultó sorpresiva para la cátedra pero también para él mismo, que viajó el viernes a la Capital Federal con otra misión primordial en su agenda: la reunión de gobernadores con la Presidencia para destrabar la votación en Diputados del proyecto que modifica el sistema previsional.

Algún malevolente, de esos que abundan hoy por hoy, podría tentarse de decir que Cornejo fue por lana a Buenos Aires y volvió trasquilado.

Nada más erróneo. Nada más alejado de una pérdida o un castigo.

Es verdad que, aquí en Mendoza, al gobernador le demanda un esfuerzo extra mantener el barco navegando según el rumbo previsto. Fundamentalmente porque tiene como bandera principal remozar el vetusto y mañoso Estado provincial para ponerlo antes al servicio del ciudadanía que de la burocracia plúmbea.

Es una batalla ímproba en cualquier frente. Lo demuestran los insoportables desajustes del sistema integrado Cristo Redentor.
Allí las burocracias combinadas acostumbran doblarles el brazo, una y otra vez, desde hace años, a las autoridades nacionales de ambos países.

En enero, la visita del Papa a Chile, será una prueba de fuego.

Pero volviendo al mandatario mendocino, su nuevo rol al frente del tradicional partido de Yrigoyen, Alem y Alfonsín en vez de complicarlo le dará más alas.

Le agrandará las espaldas al único gobernador del país que, aun siendo ratificado de manera contundente en las urnas, no tiene reelección.

Lo cual, en definitiva, le otorgará mayor soltura, sobre todo en 2019, año electoral, para conducir a su fuerza política que pugna por recuperar glorias e ímpetus del pasado.

Un duro para tiempos duros
En la previa, se barajaba un ramillete de nombres para la conducción de la UCR, pero no el de Cornejo.

La decisión final del cónclave radical obedeció a una lógica utilitaria.

Algunos ejemplos lo explican. Como el de José Cano, uno de los favoritos a ocupar el sitial. Pero venía de perder las elecciones en Tucumán. No era una buena medalla para colgarse.

Tampoco la de un histórico como Freddy Storani. Hubiera dejado un gusto a rancio. A más de lo mismo.

Y así siguiendo.

Con Cornejo tanto la UCR como sus aliados del macrismo se aseguran un líder con carácter, un conductor con mano firme, pero siempre dentro del juego de las instituciones, del toma y daca que habilita la democracia.

Un duro para los tiempos duros. Que seguirán así, o peor, mientras haya reformas estructurales en carpeta y el kirchnerismo combativo siga teniendo algún poder de fuego.

La táctica K, en estos dos años de odiosa, molesta -para ellos- oposición, es desatar hogueras allí donde encuentre una oportunidad. El asunto no importa. Puede ser Maldonado… o la RAM, el ARA San Juan, los jubilados. Siempre habrá un excusa a tiro de escopeta.

En ese escenario de extrema tensión, que tiene muy poco correlato en la provincia, deberá moverse desde ahora Cornejo como dirigente de fuste nacional.

Enarbolar la marca Mendoza
Fuera del rédito o la pérdida personales que signifique para el gobernador este flamante cargo, es obvio que para la provincia es una nueva oportunidad de aumentar su influencia en el esquema de poder nacional.

Cornejo se moverá en una pecera política donde nadan a sus anchas otros comprovincianos de tamaño respetable como el senador Julio Cobos y el asesor Ernesto Sanz.

Ambos elogiaron vivamente el nombramiento.

Suenan sinceros. No hay notas falsas en sus declaraciones ni fórmulas vacuas de cortesía.

Cornejo -ellos lo han resaltado- personaliza un recambio generacional. Y lo hace doblemente avalado por la larga seguidilla de éxitos electorales de la UCR local y por la buena imagen que tiene hoy la Marca Mendoza.

Mendoza, en efecto, está recuperando el prestigio que supo contagiarle Pilo Bordón en los ochenta.

Parte es mérito de su clase política, que ha hecho en estos dos años de gestión los deberes modernizadores que el gobierno nacional no termina, ni remotamente, de consolidar. Y también por sus fuerzas vivas.

Es una tarea colectiva, que Cornejo, un dirigente poco mediático, grisáceo en su verba modesta y su atavío de fajina, tiene la gran responsabilidad de sacarle máximo partido. En honor a la sociedad civil que lo viene bancando y que él no se cansa de evocar.

La UCR mendocina ya tuvo a un mandatario encabezando el Comité Nacional. Fue Roberto Iglesias, en 2005. Pero el Mula ya no era gobernador sino diputado. Y los días más oscuros para el partido todavía estaban por llegar. Faltaba colgar la foto de Leopoldo Moreau, cual un alien inconcebible, en el cuartel enemigo.

La de Cornejo es una historia muy distinta. Tiene cancha libre para salir a jugar.

Lo atestigua su frondoso currículum. No suele desaprovechar las puertas que le abre el destino.

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