Portezuelo, una obra para soñar en grande

Portezuelo, una obra para soñar en grande

ene 21, 18 • In Columnas, Política, Tapa

Planetas alineados. Con el tráfico fluido en la cordillera y el aval de Macri a la represa, Cornejo redondea un verano para celebrar

El superministro Martín Kerchner y la obra Portezuelo del Viento. (Ilustra Diego Juri para UNO)

Manos a la obra: el superministro Martín Kerchner (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

De repente, en el comienzo mismo del año, terminaron de alinearse los planetas para el gobierno de la Provincia.

Un primer impulso lo facilitó la visita del Papa al vecino país.

La presencia cercana de Francisco abrió dos ventanas.

Una fue la de la Nación, para quien todas aquellas problemáticas concentradas en el límite oeste siempre quedan lejos. Esta vez, hasta le prestaron una atención más puntual al paso de El Pehuenche en Malargüe.

La otra ventana era más complicada aún: “El advenimiento de la nutrida e internacional comitiva papal hizo que, por primera vez, Chile reaccionaria para mejorar en serio el funcionamiento fronterizo”, reconocen, con la mano en el corazón, en el Ejecutivo local.

Increíble, pero cierto.

La ayuda vino del cielo.

¿Cómo se entiende tanta cerrazón de nuestros vecinos respecto de un mecanismo utilizado asiduamente por los dos países?

El diputado Guillermo Carmona, con vasta experiencia en materia de política internacional, aventura una explicación muy sencilla pero, también, muy lógica: “Persiste, en buena parte del funcionariado chileno, una noción residual, de carácter pinochetista, en cuanto a la relación bilateral que trasciende a los gobiernos de turno”.

Un quiste -un puente roto-, de ser así, que deberán ir limpiando las respectivas democracias.

Portezuelo, la gran noticia
El discurrir fluido por el Sistema Cristo Redentor y la menor afluencia de turistas argentinos a Chile disuadidos, tal vez, por el prometido aluvión papal, terminaron de redondear un combo positivo.

Sin embargo, la gran noticia, que produjo un inmediato clima de celebración interna en el Gobierno, fue el laudo del presidente Mauricio Macri en favor de Mendoza, en el seno del Comité Interjurisdiccional del Río Colorado (Coirco), habilitando la construcción de Portezuelo del Viento, contra la opinión de La Pampa.

La central hidroeléctrica de Malargüe es la megaobra con la que soñaba el equipo del gobernador Cornejo desde el comienzo de su gestión.

Para el adalid operativo del proyecto, Martín Kerchner, superministro de Economía, Infraestructura y Energía, Portezuelo representa su nave insignia.

“Esto ha sido el triunfo de la buena política”, señala, radiante, Kerchner.

Por buena política entiende aquella que resuelve conflictos no por amiguismo o rosca partidaria sino por competencia técnica.
“Hemos llegado a este final feliz luego de un intenso trabajo de sustento científico en materia geológica, ambiental, hidrológica, sísmica y hasta de trashumancia (el traslado de cabras, por ejemplo)”, explica el ministro.

¿Dónde está el mérito mayor, en cuanto a la relación con el poder central?

Según sostienen en el gabinete, en que Cornejo libró una inteligente batalla dentro de los parámetros de la diplomacia política.

Esto implica un camino intermedio, equidistante de la vía piquetera, como la que utilizó, años atrás, Felipe Llaver con Alfonsín por los Nihuiles, y del continuo agachar la cabeza ante la Presidencia diciendo a todo que sí, como hizo Paco Pérez, porque, a la postre, termina en nada.

“La diplomacia es menos espectacular, no da votos fáciles, como busca el gobernador de La Pampa que quiere malvinizar Portezuelo. No obstante, ayuda a tener una buena relación con el resto de los gobernadores”, es el punto de vista oficial.

Tal modus operandi fue el utilizado, con antelación, para revertir la prohibición de la publicidad del vino en la Ciudad de Buenos Aires y para salvar al impuesto al vino que figuraba en el borrador del Presupuesto.

Suena convincente, a la luz de los resultados.

Soñar, soñar
Portezuelo, efectivamente, da para entusiasmarse y fantasear, mesuradamente, con los pies en la tierra.

Promoverá inversiones y puestos de trabajo durante varios años. En su punto máximo estará utilizando unos 6.000 operarios, entre empleos directos e indirectos.

Se explica tamaña demanda porque, además del paredón y del dique en sí, hay otras cuatro obras complementarias: una nueva Ruta Nacional 145, un nuevo trazado para la Ruta Provincial 226, otra localización para Las Loicas y una red eléctrica similar a la del complejo Nihuil IV.

“Esto nos pone de nuevo en el mapa energético, como ocurriera años atrás con los Nihuiles y con Potrerillos”, señala Kerchner, cuyo mirada se sigue tendiendo hacia adelante.

Junto a Portezuelo y al desarrollo de proyectos solares, eólicos y de minicentrales, se dibujan, en su imaginario, otros vastos emprendimientos como Los Blancos, Uspallata, El Baqueano y Cordón del Plata.

Soñar, soñar, lo titularía Leonardo Favio.

Con un horizonte de 30 o 40 años de permanente impulso de obras.

Si todo marcha sobre rieles, la construcción, como tal, de Portezuelo debiera comenzar entre agosto y noviembre de 2019.

O sea, que el próximo gobernador será el constructor pleno y el mayor beneficiario.

Y al siguiente gobernador le tocará terminar el complejo y ponerlo en operaciones.

Política de Estado, se llama esto.

Soñar, soñar. No cuesta nada.

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