El gobernador, en su hora más compleja

El gobernador, en su hora más compleja

may 13, 18 • In Columnas, Política, Tapa

Tan cerca y tan lejos de Macri. Cornejo, acusado de desestabilizador, estrechó filas con el Presidente y festejó por el ítem aula

El gobernador Alfredo Cornejo y el Director de Escuelas Jaime Correas. (Ilustra Diego Juri para UNO)


El director de Escuelas, Jaime Correas y el gobernador Cornejo (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Hasta hace pocos días, Alfredo Cornejo se encaminaba a culminar su gobernación, el año próximo, sobre una cúspide de poder.

Cúspide infrecuente, similar, solamente, a la que alcanzara en los ochenta José Octavio Bordón, traduciéndose, luego, en tres gobernaciones al hilo del llamado Equipo de los Mendocinos.

Todo marchaba viento en popa para el mandatario mendocino: el presidente Mauricio Macri, su aliado, progresando sin rivales a la vista para la reelección en 2019, con una economía nacional en aceptable recuperación; y, en lo local, con las cuentas públicas bajo control y una oposición débil, desorientada por la imposibilidad de resolver sus contradicciones internas en el corto plazo.

Y de repente, ese tinglado protector y fecundativo fue sacudido brutalmente por la crisis que tuvo como epicentro la fuga de divisas.

No fue un golpe de nocaut, como hubiera deseado cierta tribu política, con el kirchnerismo a la cabeza. Pero el gobierno central quedó tocado. Tambaleante por un rato. Con la vista puesta en el reloj.

A partir de ese momento, lo que antes le habían tolerado a Cornejo cuando se plantó frente a Macri por el aumento de tarifas como un gesto de independencia dentro de la coalición gobernante, pasó a constituir, de buenas a primeras, un gesto irresponsable.

El gobernador mendocino se transformó en uno de los principales desestabilizadores del Ejecutivo central.

En asocio con Lilita Carrió.

El “factor Cornejo”, lo llamaron. Y siguieron repitiéndolo durante esta difícil semana aquellos comunicadores porteños, cercanos o equidistantes del macrismo -pero nunca enemigos- y con un grado importante de influencia en la arena mediática: Longobardi, Zuleta, Hadad, Pagni, Fantino… y un largo trencito.

La comedia romántica del poder derivó en película de suspenso.

“Alfredo no es un petardista”
Observado a la distancia y sin apasionamiento alguno, la parada que le hizo Cornejo a Macri justo cuando empezaba el debate nacional más bravo por el aumento en los servicios, deja una sensación incómoda. Un gusto ambiguo en la boca.

Lo admiten, hoy, con “el diario del lunes”, a la luz de los últimos acontecimientos, muy en privado, muy en voz baja, algunos radicales afines al gobernador, comprometidos con su gestión, pero que no integran su núcleo íntimo, ese que se consolida solo bajo los parámetros de la obediencia debida.

“No hacía falta agitar el asuntos de las tarifas en público. Con haber planteado las diferencias en privado alcanzaba”, es su opinión. “Le dio a la oposición más radicalizada y demagógica la excusa y el empujoncito que le faltaba”.

En el Gobierno le bajan el tono y los alcances al problema. Aducen que la aparición del gobernador obedeció a una constante suya, bastante predecible, por otra parte.

El argumento central: “Cornejo no es ningún petardista. Nunca lo ha sido. Siempre aboga, además, por un cuidadoso manejo del gasto y del presupuesto. Pero, al mismo tiempo, es crítico del modo en que el gobierno nacional comunica y ejecuta este tipo de medidas trascendentes, que afectan sensiblemente a la población. La reforma previsional fue el otro mal ejemplo anterior”.

¿Cómo justifican esta bajada de tono? ¿Cuál es la demostración palpable?

Con pruebas a la vista. Cornejo fue recibido por el Presidente en la Rosada y luego ofició de vocero de los gobernadores afines ratificando “el rumbo político, económico y social”.

Tuvo, también, otras reuniones a solas con miembros encumbrados del gabinete como Marcos Peña y Rogelio Frigerio. Pero lo más significativo fue haber compartido el viaje en avión con Macri en su visita del miércoles a Mendoza.

“Una audiencia con el Presidente no suele durar más de 20 minutos. Esta vez pudieron hablar cerca de una hora y media. Fue muy valioso”, subrayan en la Gobernación.

Incidente cerrado, según ellos.

Suspenso a lo Hitchcock
Tras haber limado asperezas con el Presidente en persona, la calma no retornó al pago, sin embargo.

La preocupación se percibe ostensiblemente en el rostro de los ministros, especialmente de aquellos con mayor responsabilidad en la coyuntura, como Lisandro Nieri (Hacienda), Dalmiro Garay (Gobierno) o Martín Kerchner (Economía).

Ninguno se vio venir semejante tormenta.

Saben que la situación es delicada. No son ningunos inconscientes. Ni están acostumbrados a disimular o, en el mejor de los casos, a elevar globitos amarillos como paliativo.

Pero tampoco dramatizan.

“Por ahora estamos bien. Tenemos reservas para afrontar el corto plazo sin problemas y las cuentas generales en orden. Sería irresponsable predecir el futuro. En unos 20 días sabremos dónde estamos parados”, es la opinión técnica, aséptica, del comando central del gabinete.

Es un número clave: 20 días. Dato para los ansiosos.

Y así como no se sabe a ciencia cierta cómo continuará el año en materia de inflación, cotización del dólar, crecimiento, etcétera, tampoco hay noticias puntuales sobre qué obras públicas caería el ajuste anunciado por el ministro de Hacienda nacional, Nicolás Dujovne, para reducir el déficit calculado del 3,2% al 2,7%.

Solo se pueden hacer especulaciones.

El sentido común indica, para el gobierno mendocino, que están en primera línea de riesgo proyectos avalados por la Nación como el de la doble vía a San Juan antes que la represa Portezuelo del Viento por ser, esta última, prioritaria para el desarrollo energético del país y tener otro régimen de financiamiento.

Es más, creen que el proceso licitatorio de Portezuelo continuará su marcha normal en los próximos días.

Item aula: la gran noticia
Lo mejor que pudo haberle sucedido al gobierno de Cornejo, en medio del tifón nacional, fue el plenario de la Suprema Corte que dictaminó la constitucionalidad del ítem aula, una herramienta pionera en el orden nacional que motivó una fuerte resistencia por parte de la conducción sindical de los docentes.

El Ejecutivo respiró aliviado y volvió a sacar pecho en horas de incertidumbre. Sintió fortalecido el poder de la administración para continuar con su plan de modernización amplia del sector estatal.

En cuanto a la enseñanza, Cornejo parece empeñado en demostrarle a Mariano Narodowski -que inaugurará este viernes, en Las Heras, el ciclo de escritores que organizan Planeta y el Grupo América- que no está del todo en lo cierto cuando afirma, en la introducción de su nuevo libro: “Hay que decirlo: a la clase dirigente argentina no le interesa la educación”.

El gobernador abordó el tema con singular énfasis cuando cenó, hace unos días, con el premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa y con su hijo Álvaro. Tiene, además, en el director de Escuelas, Jaime Correas, a uno de sus dilectos colaboradores.

Y, gracias al fallo de la Corte, continuará con otros avances en la materia como los cursos pagos de perfeccionamiento para los docentes.

Cornejo y Correas creen en el esfuerzo individual y colectivo para mejorar y mejorarse cada día. Creen y apuestan por la meritocracia.

Para la conducción gremial de los maestros la meritocracia es lo más parecido a una ofensa. Forma parte de un sistema general de exclusión.

Dos maneras de entender el mundo.

Otra divina grieta.

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