Todo igual: esperando que pase la tormenta

Todo igual: esperando que pase la tormenta

jun 17, 18 • In Columnas, Política, Tapa

Más incertidumbre. Los sacudones del dólar y en el Central poco le cambiaron el panorama al gobierno local: “Falta un shock de confianza”

Ilustra Diego Juri para UNO.

Sobre llovido, mojado: el ministro Lisandro Nieri, el intendente Jorge Giménez y el senador Julio Cobos (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Esta vez, sí, la Selección es una alegoría exacta del país. Si a Leo Messi, nuestro as de espadas absoluto, ni de penal se le abre el arco, es que nada puede andar bien.

El gobierno nacional va pasando, con el correr de los días, de una tormenta a otra.

Y el gobierno mendocino, en consecuencia, vive bajo una constante incertidumbre. Aferrado al mástil de la nave para no marearse y caer por la borda.

Una semana atrás titulábamos esta misma columna La expectante espera por el ajuste que viene.

En ese momento, el ministro de Hacienda, Lisandro Nieri, responsable de la caja provincial, era un dechado de cautela: “Tenemos que esperar unos días más. Es necesario ver las señales que vayan apareciendo después de los anuncios”, decía.

Vinieron, a continuación, nuevos terremotos, como el dólar orillando los $30 y el descabezamiento de la cúpula del Banco Central.

Hoy, pese a lo ocurrido, Nieri se aferra al mismo argumento, al mismo mástil: “Sucedió de todo en la semana, es cierto. Pero hay poco de nuevo para nosotros”.

En otras palabras, continúa el suspenso. Continúa la espera, bajo techo, juntando petates, mientras arrecia el vendaval.

Surfeando en la volatilidad
Con el dólar que vuela a su antojo, todo se complica. Aumenta la cotización y, en paralelo, aumenta la inflación,

“Una volatilidad como la actual es perniciosa”, indica Nieri, “porque crea un escenario de incertidumbre que posterga cualquier inversión”.

La devaluación en sí misma, como afirmábamos la semana pasada, no ocasiona demasiados dolores de cabeza al Ejecutivo local.

Habiendo pasado los grandes vencimientos de la deuda de este año, trae, como contrapartida, un mejoramiento del tipo de cambio.

En consecuencia, hay sectores, como el exportador o la hotelería, que están verificando mejoras inmediatas.

“Lo que verdaderamente nos beneficia es que la economía real funcione”, señala Nieri, como uno de sus motivos de relativa calma.

La calma, en efecto, es solo relativa. Porque en los grandes movimientos de la macroeconomía la Provincia tiene casi nula injerencia.

El peronismo alerta por la deuda
Mientras las vientos huracanados barren la superficie de la gobernanza nacional, el peronismo ajusta su mira telescópica y elige dónde será su próximo impacto.

Poco tiempo atrás, fue sujeto y víctima de la crisis; hoy se considera su fiscal.

El eterno péndulo argentino.

Consideran, desde su búnker local, que la administración de Macri marcha hacia una inevitable catástrofe económica. Por lo tanto, están seguros de que 2019 será la hora de la oposición. La hora de volver.

En Mendoza no son menos críticos. “Paco Pérez, aun con todos sus errores, dejó una deuda de 15 mil millones de pesos. Este gobierno ya tiene una deuda de 50 mil millones y no sabemos en qué gastó la plata”.

La única duda del PJ, en la actual circunstancia, es cómo plantarse de cara a la sociedad.

Si sale a ventilar sus aciagos pronósticos a los cuatro vientos, temen quedar como pájaros de mal agüero.

Si se quedan callados, temen perder la oportunidad de frenarlo al Gobierno antes de que sea tarde.

“En cualquier momento salimos a hablar”, es la advertencia de la hora.

Nieri levanta el escudo
El ministro de Hacienda recoge las objeciones del principal partido opositor con cierto fastidio.

“Hablar, han hablado siempre los peronistas. No sé cómo terminará esto en el orden nacional, pero considerar que todo está mal es parte de la campaña del PJ”, dice, masticando las palabras.

Para Nieri, uno de los hombres más sólidos del gabinete de Cornejo, hubo dos momentos fundamentales que gestaron la perenne deuda provincial: uno fue en los noventa, con la caída de los bancos provinciales (el de Mendoza y el de Previsión Social) y otro cuando Pérez concluyó su gestión.

En ese instante, Paco dejaba, además de los 15 mil millones, una deuda flotante de exigencia inmediata con los proveedores, con el Banco Nación y con adelantos que le había hecho Kicillof.

“Agarramos un desastre y lo programamos en el tiempo. Hoy tenemos un presupuesto equilibrado, lo que nos da serenidad aun en medio de la crisis nacional”, diagnostica.

Como prueba de su argumento señala que hoy la gente no tiene dudas de que cobrará su aguinaldo o de que los hospitales no se quedarán sin insumos.

Cerrado el capítulo local, Nieri vuelve a mirar hacia el escenario nacional: “El problema no es solo monetario. Hay que dar otro tipo de señales. No vamos a avanzar si no se logra dar un shock de confianza”.

Hay coincidencia generalizada sobre este punto.

Las travesuras de Cleto
Mientras el peronismo afila el hacha y se lima los colmillos, imaginando, entre otras cosas, quién puede ser su próximo líder y candidato nacional (dicen que Cristina apuesta por Felipe Solá), al radicalismo, que está fuerte en Mendoza, le está llegando la hora de ajustar las piezas.

El gobernador Alfredo Cornejo se mueve, intensamente, en dos planos. Como presidente nacional de la UCR, en esta hora tan difícil, tiene como invalorable coequiper a Ernesto Sanz, siempre bienvenido en la mesa chica de Macri.

En su provincia, paradójicamente, es donde Cornejo tiene más problemas para ordenar la tropa. Por eso se ha estado reuniendo con algunos de los intendentes de mayor peso para consensuar acciones de gobierno y para demostrar liderazgo político.

Sin embargo, hay un personaje inasible al que nunca podrá terminar de poner en caja: Julio César Cleto Cobos.

El exvicepresidente y ahora senador se desliza, resbaladizo como un pez, por todo el territorio, impertérrito, con una sonrisa beatífica en el rostro y arrastrando una envidiable popularidad que ha sabido mantener a través de los años y de los sucesivos cargos por los que pasó.

¿Qué hace de problemático Cobos para la jefatura de Cornejo?

Poco y nada. Se limita a deambular y a estrechar manos a diestra y siniestra.

Pero ese decir nada, ese silencio que otorga, les sirve, precisamente, a los que buscan dejarle prendida una señal en el pecho a Cornejo quien, por su condición de mandamás, no suele ser demasiado generoso con los que no son sus fieles.

Los hechos se encadenan, de manera light, naíf, pero significativa: el intendente lasherino y radical Daniel Orozco alentando la candidatura a gobernador de Cobos, el intendente sanmartiniano y peronista Jorge Giménez dejando traslucir una sorpresiva alianza en el departamento con Cobos y con el juninense Mario Abed, el intendente lujanino y macrista Omar De Marchi fotografiándose con Cobos en su despacho donde, según dice, “estuvimos dialogando sobre temas de la actualidad provincial y nacional”…

Y así siguiendo. Ad infinitum.

Maneras, distintas, de decirle a Cornejo “yo también existo”.

Una travesura que lo divierte tremendamente a Julio César Cleto quien, por otra parte, volverá a ser protagonista en el Senado cuando exprese su negativa a convalidar la ley de despenalización del aborto.

En plena tormenta, Cobos se aferra su propio mástil.

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