La incómoda figura de Cornejo en la crisis

La incómoda figura de Cornejo en la crisis

jul 8, 18 • In Columnas, Política, Tapa

Señales. “Está todo bien con el gobierno nacional”, señalan en el entorno del mandatario. Pero se prenden diversas luces de alerta

El goberndor Cornejo con Lilita Carrió. (Ilustra Diego Juri para UNO)

El gobernador Alfredo Cornejo y la diputada Lilita Carrió (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

En un país de raigambre futbolera como la Argentina, suelen disfrutarse las desgracias ajenas tanto como los triunfos propios.

Y a veces más.

Pasó con la eliminación de Brasil, el sábado. Hubo festejos a lo largo y a lo ancho del país. Catarata de memes cizañeros.

Alargando esta arraigada costumbre de filtrar las penas mediante la ironía, un gaucho power de vasta experiencia internacional, que vive circunstancialmente allende la cordillera, compartió una ocurrencia con sus connacionales argentinos.

Decía: “Después de ver los partidos acá, me di cuenta de que ¡los chilenos fueron quienes más festejaron! Festejaron cuando se quedó fuera Argentina, festejaron el adiós de Perú, festejaron la despedida de Colombia, festejaron las eliminaciones de Uruguay y de Brasil… ¡y encima les queda la esperanza de que el Mundial lo gane Inglaterra!”.

Nuestros abuelos, cuando andaban con pocas pulgas, le llamaban a este recurso mal de muchos, consuelo de tontos.

Pero de algo hay que agarrarse, cuando no te está saliendo una.

La política y el mal ajeno
La política argentina ha incorporado, década tras década, esa costumbre de ocuparse más de las desgracias y de los yerros ajenos, que de las virtudes propias.

Se ha vuelto una manera de ser. Y de gestionar la circunstancia.

En el último medio siglo de historia nacional, los fracasos se suceden, uno tras otro. Sin excepción.

Al final del periplo, el resultado es exactamente el mismo: un naufragio que no puede ser disimulado.

Lo cual, bajo el rótulo de “herencia recibida”, le brinda combustible suficiente al próximo que llegue para transitar un tiempo equis.

La consecuencia de este aspecto sustantivo del ser nacional es que la política criolla vive de la destrucción, no de la creación.

Cuanto peor, mejor, es el lema dominante.

Cornejo, valioso e incómodo
En un contexto nacional tan deletéreo como el actual, donde se mezcla la crisis económico-financiera con el zarandeo de la política ante la inminencia de otro año electoral, la figura y el rol de Alfredo Cornejo adquieren una relevancia sustantiva.

Cornejo es el gobernador de la principal provincia en manos del radicalismo. Y, a su vez, es presidente nacional de la UCR, el principal aliado del PRO en Cambiemos.

Cornejo no es José Corral, su antecesor santafesino.

El mendocino es un jugador fuerte. Con aspiraciones de trascendencia. Con clara vocación de poder; para el partido y para él mismo.

O sea, Cornejo, dentro de Cambiemos, es una figura de peso. Pero también incómoda. Entre otras cosas, porque está en condiciones de exigir, de obligar.

Y obliga.

¿Unitarios y federales?
¿Por qué Cornejo se vuelve un problema en vez de resultar un aliado que ayude a consolidar la coalición?

Porque contraria la idiosincrasia del PRO, que es, primero, sustancialmente porteña y, segundo, alérgica a los modos de la política tradicional.

Para el PRO, los socios que habitan fuera de Buenos Aires, son socios menores. Y deben ser conducidos.

Cuando ello no ocurre, empiezan a verse caras agrias.

Entre otras razones porque, ante el hostigamiento del kirchnerismo residual y sus aliados, que buscan el derrumbe del Gobierno; ante el caraculismo general, se exige de los miembros de Cambiemos máxima lealtad, no una disidencia mínima.

Más ladrillos en la pared
“Está todo bien”, se empeñan en aclarar los escuderos de Cornejo.

Pero algo huele mal en Dinamarca. Algo chirría. Al punto que un obispo radical de la talla de Ernesto Sanz se recluyó en San Rafael, lejos de cualquier exposición pública. “Es mi humilde contribución al gran quilombo general”, se excusa en confianza.

Cierto hechos dan cuenta de los desajustes en marcha.

Lo más irritante fue el encuentro del presidente Macri con primeras espadas del peronismo moderado (Schiaretti, Urtubey, Pichetto y Massa) en la parilla La Rosa Negra, de San Isidro, para acordar puntos en torno a la situación económica.

El radicalismo no fue invitado. Y Cornejo admitió, en declaraciones periodísticas, si decepción. “Me hubiera gustado enterarme de qué se habló allí”, fue su conclusión.

Otro punto es la inquina que guarda Juan José Aranguren con el radicalismo en general y con Cornejo en particular tras ser eyectado del Ministerio de Energía. Es cierto que propios y extraños reconocen hoy que Aranguren lo ninguneaba a Cornejo. Pero su resentimiento es compartido, en parte, por el Gobierno nacional.

Por último, los recientes cruces con Lilita Carrió. La fogosa e incontinente diputada señaló a los radicales como “misóginos”, añadiendo, con sorna, que ella “los maneja desde afuera”.

“Los argentinos necesitan seriedad, no un stand up permanente”, fue la tajante respuesta de la jefatura radical.

En el partido, no preocupa la actitud de Lilita. Entienden que el show permanente es su manera de existir. Y que pegarle a la anquilosada UCR de Buenos Aires “garpa”.

Pero es otra nube en el cielo. Otro ladrillo en la pared.

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