De Uber a Impsa, otras dos caras de Mendoza

De Uber a Impsa, otras dos caras de Mendoza

ago 5, 18 • In Columnas, Política, Tapa

Más luces y sombras. La Ley de Movilidad y el megaescándalo de los cuadernos nos volvieron a colocar en agenda internacional

Figuras de la semana: El secretario de trasporte Natalio Mema y Valenti. (Ilustra Diego Juri para UNO)

Francisco Valenti (Impsa) y el secretario de Servicios Públicos, Natalio Mema (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Los sucesos siguen cayendo sobre nosotros de a pares. Engarzados como el yin y el yang. O, mejor, como las dos caras de la luna.

Son los procesos que atraviesa en estos tiempos Mendoza, tironeada entre las buenas y las malas noticias que se suceden cada semana.

El domingo pasado, esta columna llevaba como ilustración de esa dualidad al ministro Lisandro Nieri y al pediatra Abel Albino.

Uno representaba la previsión y el aplomo dentro del inevitable cambio ministerial que impuso la salida de Dalmiro Garay; el otro proyectó, merced a unas inadecuadas declaraciones, una mácula sobre un valioso símbolo provincial.

Esta vez el emparejamiento alegórico, en luz y sombra, tiene parecidas características. Por un lado, Natalio Mema; enfrente, el alto ejecutivo Francisco Valenti.

Uber, noticia mundial
En Natalio Mema puede resumirse uno de los hechos que generó la Provincia con un fuerte impacto nacional e internacional: la aprobación de la llamada Ley de Movilidad, que se tradujo, de hecho, en la habilitación para que plataformas como Uber se desempeñen en toda regla.

Los principales medios argentinos le dieron amplia cobertura a una noticia que escaló hasta convertirse en una generosa crónica del New York Times.

Mendoza, por un instante, quedó al tope de la agenda mundial, justo cuando España toda ardía por el conflicto irresuelto con Uber.

Para llegar a esta instancia mediaron la firme convicción del gobierno encabezado por Alfredo Cornejo y, luego, la decisión de la Legislatura, que convalidó la norma por 24 votos contra 14 en el Senado.

Sin embargo, Mema, que llegó a la Subsecretaría de Servicios Públicos en reemplazo de Sergio Marinelli a principios de 2017 y es uno de los cuadros jóvenes (32) más prometedores del equipo de Cornejo, fue quien se echó al hombro toda la evolución formal de la ley, respondiendo cada una de las requisitorias técnicas y periodísticas.

El desafío, para funcionarios de ideas innovadoras como él, es que sus altas aspiraciones logren hacer pie y desarrollarse en una realidad empobrecida, en crisis permanente y poco afecta al cambio, en líneas generales, como la nuestra.

Algo bueno, en este sentido: distintas encuestas realizadas en los medios y espacios de este grupo periodístico (Radio Nihuil, Canal 7 Mendoza, Noticiero 7, etcétera) arrojaron una aprobación superior al 80% por parte del público al arribo de servicios como el de Uber o Cabify, empresa española, esta última, que también se anotó para ingresar al sistema local de transporte.

Impsa bajo el huracán
La porción negativa de la semana, en términos locales, fue protagonizada por Impsa, “la” empresa mendocina desde hace varias décadas, una nave insignia.

En la figura de su ejecutivo Francisco Valenti quedó envuelta en el megaescándalo que desataron los cuadernos de Oscar Centeno, ex chofer de Roberto Baratta quien fuera, a su vez, mano derecha de Julio De Vido, superministro de la era K.

Con Valenti es la segunda oportunidad, después de Alejandro Vandenbroele, que Mendoza queda comprometida, con nombre y apellido, en la trama del dinero sucio de la anterior administración nacional.

Pero hay una diferencia enorme entre ambos personajes. Sideral.

Por empezar, Vanderbroele es parte de un grupo de pícaros y fulleros que orbitaron en torno a Amado Boudou. Está bajo sospecha como testaferro del exvicepresidente.

Valenti, en cambio, miembro conspicuo del directorio de Industrias Metalúrgicas Pescarmona, ha jugado, durante años, en otras ligas.

La firma era -y es- un serio player mundial en su rubro. Y resultaba esencial para la Provincia.

Cuando empezó a entrar seriamente en crisis, tanto el gobierno nacional encabezado por Cristina Fernández como el provincial a cargo de Paco Pérez expresaron su voluntad de ayudarla a pasar el trance.

Tiempo después, tras sortear varias tormentas y ya bajo otro signo político, Alfredo Cornejo, al presentarse unas máquinas diseñadas para aprovechar la energía eólica, señaló, en julio de 2016: “Los dueños y el Gobierno hemos logrado un proceso para que Impsa siga en pie dando empleo y generando conocimiento”. Y añadió: “En Argentina deberíamos tener muchas Impsa, hoy tenemos muy pocas, los mendocinos debemos estar muy orgullosos de tenerla en la provincia”.

Esa es la distancia que media entre Valenti y Vanderbroele.

Lo curioso, por otra parte, es que Impsa se encuentra entre los perdedores de los gobiernos bolivarianos, al revés de otros competidores suyos como Electroingeniería.

En privado, a Enrique Pescarmona se le vino escuchando decir, repetidas veces y en voz alta, durante estos tiempos: “Yo podré fundirme y perder mi empresa familiar de 100 años, pero no les voy a pagar lo que me piden”, en alusión a los retornos de rigor.

Valenti, que estaba de viaje por el Lejano Oriente, prometió entregarse mañana al juez Claudio Bonadio, apenas haya hecho pie en Ezeiza.

Dicha voluntad lo eximió, por ahora, de ser requerido internacionalmente por Interpol.

Una vez en tribunales federales, podrá desvelar cuánto de la cinematográfica trama de los cuadernos tiene participación mendocina.

Un misterio de marca mayor.

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