¿Es Cornejo ángel o demonio? Todo depende

¿Es Cornejo ángel o demonio? Todo depende

sep 16, 18 • In Columnas, Política, Tapa

Ni héroe ni villano. Fundación Konex lo distinguió como administrador. La oposición lo tilda de “facho”. ¿Y el punto medio?

El gobernador Cornejo. (Ilustra Diego Juri para UNO)

El gobernador Alfredo Cornejo (Ilustra Diego Juri para UNO).

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

En el mundo de incertezas que nos toca vivir, cada vez cuesta más separar la paja del trigo. O que el árbol no nos impida ver el bosque.

Peor aún cuando cunden fundamentalismos de toda laya, que se sienten dueños de la verdad.

Una de las complicaciones extremas, en estas circunstancias, es poder observar los matices de cada uno y de cada cosa. Ver los grises que se filtran entre lo blanco y lo negro.

Un ejemplo rotundo se verifica, hoy, en la figura de Alfredo Cornejo.

Al gobernador se lo valora, desde las usinas de opinión, como héroe o villano. Como ángel o demonio.

Ángel: el bueno administrador

Precisamente esta semana quedaron al desnudo dos maneras contrapuestas de entender y calificar la gestión del actual gobernador.

Por un lado, el Gran Jurado de la prestigiosa Fundación Konex, en su edición 2018, distinguió a Cornejo, junto a otras cuatro personalidades, por su tarea como administrador público de la Provincia de Mendoza.

“Esto se asienta en su dedicación permanente a la gestión y en la claridad de perseguir el interés general, aun enfrentando costos políticos”, fundamenta Lisandro Nieri, su ministro de Gobierno.

Y como decíamos aquí mismo, el domingo pasado, este es uno de los méritos que le reconoce el propio gobierno nacional.

Dicho merecimiento, en medio de la presente crisis económico-financiera que zamarrea al país, significa también un evidente contraste.

¿Por qué, en estos casi tres años de gestión, el gobierno mendocino logró, en cuanto a manejo de las cuentas públicas, lo que no pudo o no supo hacer el gobierno nacional?, se le preguntó el miércoles a la ministra de Hacienda, Paula Allasino, en el programa Séptimo Día de Canal 7 Mendoza.

La respuesta, breve, de Allasino encierra una evidencia cruda: “Porque nosotros nunca prometimos nada que no pudiéramos cumplir”.

Exacto. Macri llegó ofreciendo brotes verdes y un escenario salvífico en el ya tristemente célebre “segundo semestre”.

Cornejo, en cambio, llegó comparando a Mendoza con Grecia y anunciando, para su primer fin de año, sangre, sudor y lágrimas.

Demonio: un pequeño Hitler

La visión adversa del gobernador la ventilaron las fuerzas de la oposición; en especial, el ala del llamado progresismo, al tratarse en la Legislatura el Código de Faltas.

Una síntesis en cuanto a adjetivaciones de barricada la da el diputado de Unidad Ciudadana Lucas Ilardo: “Este código es lisa y llanamente fascista y en realidad, una representación de las ansias del gobernador por reprimir y cercenar derechos”.

El legislador camporista hizo alusión también a un gobernador autoritario, “vocero del ajuste de Mauricio Macri”, que “hace uso y abuso de la dictadura de los números para sacar una ley, con la Legislatura vallada e incidentes en las calles”.

No es nuevo este tipo de embates. En 2016, cuando la pelea entre el Gobierno y el SUTE por el ítem aula estaba en su punto máximo, aparecieron afiches en la Peatonal con la leyenda Hitler aula y la foto de Cornejo con bigotito y montada sobre el cuerpo de un soldado nazi.

No es nuevo tampoco en el país. En 2005, Lilita Carrió comparó a Néstor Kirchner con Benito Mussolini; y en 2016 comparó a Cristina Fernández con Adolf Hitler, tildándola de “pronazi” y “profascista”.

El Führer, se ve, es un joker, un comodín que puede ser utilizado en cualquier juego del salón nacional.

Humor social

Un colega partidario de Ilardo en el recinto, Jorge Tanús, coincidió en el diagnóstico señalando que el Código de Faltas “criminaliza” la sociedad.

La mayoría de los políticos se ufana de hablar en nombre de la sociedad. Ahora bien, ¿cómo medir el humor social, más allá de las encuestas encargadas “a medida” del cliente?

Hubo un caso sintomático y revelador: un jurado popular absolvió en Buenos Aires al carnicero Daniel Billy Oyarzún quien, en 2016, había dado muerte a uno de los delincuentes que lo asaltaron en su local.

En palabras del exconsejero de la Magistratura Daniel Ostropolsky, los jurados populares expresan, en un momento dado, la idiosincrasia de su comunidad.

Agrega interés a este asunto el hecho de que el juicio por jurados esté en el horizonte cercano de Mendoza.

Recién llegado de EEUU, adonde fue justamente para interiorizarse sobre el fundamento de esta práctica institucional, el subsecretario de Justicia, Marcelo D’Agostino, indicó que “los juicios por jurados en general vienen a darle una cuota de legitimidad al sistema de justicia porque es la posibilidad de que uno sea juzgado por sus pares”.

A su valoración conceptual, D’Agostino le añade la propia experiencia que tuvo en su viaje: “Una de las cosas que vi en Chicago es que toda la gente está de acuerdo y le gusta el juicio por jurados. En nuestro caso, esto va a ser bueno porque va a revertir de a poco el divorcio que hay entre justicia y ciudadanía”.

Espíritus de época.

Durante el kirchnerismo al que adhiere Ilardo, predominaba, desde el poder, la doctrina garantista.

Hoy, el pueblo, a través del jurado popular, se inclina por la víctima.

¿Quién detenta la verdad?

El filósofo mendocino Eduardo Agüero Mackern enseña que “la verdad como tal no existe de antemano, sino que nosotros la construimos”.

Construyamos.

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