Fórmula Suárez-Abed, o el encanto de ser intendente

Fórmula Suárez-Abed, o el encanto de ser intendente

mar 15, 19 • In Columnas, Política, Tapa

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

La formula Rodi Suárez y Mario Abed.

La formula Rodi Suárez y Mario Abed.

Uno entiende porqué cuatro intendentes mendocinos del justicialismo están peleando hoy con uñas y dientes la posibilidad de confirmar su continuidad en el cargo en los próximos comicios.

No se trata, simplemente, de que Félix, Giménez, Righi y Aveiro quieran atornillarse ad eternum en sus sillones. No es tan banal la cosa. Pese a que el reeleccionismo desacomplejado y descarado está inscripto en el ADN peronista.
Se trata de que, en tiempos cada vez peores para la política, aquí y en el mundo, por el descrédito y la desconfianza que arrastran sus protagonistas, las comunas se han vuelto uno de los pocos reductos donde establecer vínculos más directos y afectuosos con el ciudadano.

El político, para el hombre común, se transformó en un ser lejano, inescrutable. El miembro ladino de una peña exclusiva, que integran otros miembros de la élite (o círculo rojo), dedicada, solamente, todo el tiempo, a medrar en beneficio propio.

El Club de los Egoístas.

Los intendentes, en cambio, por su trabajo específico, que atañe a tareas cercanas al vecino como el barrido y limpieza, el arreglo de calles, el clima social del barrio, la edificación, etcétera, han conseguido mantener vivo el vínculo.

Se mantienen, frente al elector, como un ser de carne y hueso. Como un humano. No como una imagen fotoshopeada, una consigna propagandística, un posteo en la red.

Mendoza, una tierra sensata desde lo institucional, es ahora mismo una prueba de ello.

Alfredo Cornejo llegó a la gobernación desde la intendencia de Godoy Cruz.
Las dos principales figuras, desde hace años, del peronismo, Adolfo Bermejo y Omar Félix, fueron intendentes.

Los precandidatos del oficialismo a la gobernación para las elecciones son intendentes: el binomio Rody Suárez-Mario Abed (UCR), recién presentado en sociedad, y Omar De Marchi.

Uno de los pocos dirigentes competitivos que ostenta el PJ, hoy por hoy, es Alejandro Bermejo. El Pulga. Intendente.

Las comunas, por lo tanto, no representan en este momento solo un poder territorial, mayor o menor, según su tamaño, su economía y su población. Son, además, fuente de legitimidad. De existencia. De supervivencia y resistencia.

Sin presencia comunal, el peronismo ya habría sido barrido del mapa político provincial. Sin comunas, el Partido Demócrata sería un recuerdo nostálgico, evaporándose en el aire como el lencinismo. Algo de su histórico aroma pervive en San Carlos y Luján, aunque sus caciques ya no lleven el escudo azul y blanco prendido en el pecho.

Es loable, por lo tanto, que Cornejo quiera acabar, de una buena vez, con las reelecciones indefinidas. Es políticamente correcto. Obedece al manual del hombre bienintencionado.

Pero la terca resistencia de los caciques peronistas, cual últimos mohicanos, podría entenderse, consciente o inconscientemente, como una causa ecológica.

En defensa de la biodiversidad democrática de Mendoza.

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