Videojuegos: “En vez de aprender a matar personas, aprendé matemáticas”

Videojuegos: “En vez de aprender a matar personas, aprendé matemáticas”

mar 19, 19 • In Columnas, Política, Tapa

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

El escritor Guillermo Martínez

El escritor Guillermo Martínez

Con la educación como tema prioritario -hoy más que nunca- pocas veces se tiene la oportunidad de prestarle el oído a un intelectual de la talla de Guillermo Martínez, quien reúne dos virtudes difíciles de hallar al mismo tiempo: capacidad expositiva y especialización científica. Sobre todo en matemáticas, uno de los nudos gordianos de la problemática actual.

Sábato y Borges poseían esas cualidades en nuestro país. O Raymond Queneau, Nicanor Parra, Stanislaw Lem y Aleksandr Solzhenitsyin, entre los extranjeros, como le gusta citar al propio Martínez.

Las conclusiones de las pruebas Aprender que vienen de conocerse pintan, justamente, un panorama de luces y sombras en Mendoza, y nos permiten ahondar en el asunto. Se mejoró en Lengua, con un saldo de cinco puntos respecto de la medición anterior. Pero se descendió en Matemática. Hubo una caída de 5,3 puntos, el segundo peor resultado del país después de Chaco.

Preocupante.

¿Cómo encontrarle la vuelta a una cuestión repetitivamente compleja?

A Guillermo Martínez, el autor argentino más leído hoy en el contexto internacional hispanohablante, el tema lo apasiona. Como escritor, viene de ganar el premio Nadal con su novela Los crímenes de Alicia, cuya trama de misterio gira en torno a la controvertida existencia de Lewis Carroll. Es otros de sus sucesos de trama policial luego de Crímenes imperceptibles (o Los crímenes de Oxford, como fue conocida en España y llevada al cine, con dirección de Álex de la Iglesia).

Tras haber estudiado Matemáticas en la Universidad del Sur, terminó su especialización en Oxford.

Ambas amores le llegaron casi desde la cuna. “La literatura estuvo desde siempre en mi vida”, contó este sábado en el programa La Conversación, por Radio Nihuil. Su mamá era profesora de letras y su papá, escritor. Todos los hermanos (eran cinco) leían desde chiquitos. Pero, además, recuerda que en su casa había mucho respeto y admiración por la ciencia: “Mi padre nos enseñaba teoría de conjuntos, aparte de lo que era el colegio. Él estaba a favor de lo que llamaba la educación complementaria, o sea, darnos libros, llevarnos a la biblioteca, cosas por el estilo”.

¿Por qué es tan complicado que los chicos de hoy se amiguen con las matemáticas?, es la pregunta de cajón para Martínez.

“La matemática –explica- tiene una dificultad específica: es un lenguaje que debe ser aprendido. Como si fuera una lengua extranjera. Hay que ir del lenguaje con el que hablamos habitualmente al lenguaje de las fórmulas, de las ecuaciones, de las incógnitas, etcétera. Luego, resolver y, además, entender lo que uno está haciendo. Por lo tanto, se requiere de una abstracción que los chicos quizá no adquieran todos a la vez, pues no tienen la misma madurez”.

Por otra parte, Martínez considera que están faltando, junto a un profesor paciente, horas de ejercicios resueltos en los colegios de hoy: “Que los chicos estén sentados sin el celular, atentos, pensando con sus propias cabezas, sin repetir. Es decir, se trata también de un ejercicio de creatividad personal. Cada uno tiene que encontrar la ranura por donde le pasen los conocimientos”.

Martínez está leyendo, fascinado, una colección de la editorial española RBA titulada Genios de las matemáticas donde, a través de 60 libros, se relata la trayectoria histórica de dicha disciplina. Su intención es aprovechar sus dotes de escritor para redactar un manual que resuma esta experiencia.

Mientras tanto, le transmite un consejo a la universidad actual para enseñar matemáticas: hacer una especie de libro on line, con buenos ejemplos de todos los temas que aparecen en el colegio secundario, pensando juegos de niveles.

En otras palabras, “que los mismos chicos vayan resolviendo los problemas y vayan ganando puntos para pasar al siguiente nivel. Que sea un desafío. Así como los chicos se desafían a los videojuegos, que también se desafíen en las aulas. Y sobre todo que permita que aquel que no tenga un buen profesor, que aquel que quiera saber un poco más; que aquel que, al revés, sabe un poco menos, pero quiere ponerse a la par, pueda hacer un aparte del asunto, por sí mismo, en su casa, con la computadora. Con buenos gráficos, con buenas imágenes y ejemplos claros, incluso videos”.

Concluye Martínez: “Hoy uno de los fenómenos que hay en YouTube son profesores de matemáticas que, por ejemplo, enseñan a dividir por fracciones. O sea, tener un gran juego de la matemática para que los padres le puedan decir al chico: en vez de jugar a matar personas, jugá a aprender la división con fracciones”.

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