Un Cornejo exitoso y la tentación de “ir por todo”

Un Cornejo exitoso y la tentación de “ir por todo”

mar 23, 19 • In Columnas, Política, Tapa

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

El gobernador Alfredo Cornejo.

El gobernador Alfredo Cornejo.

Hay gobernantes y conductores a quienes los descalabros les nublan la vista.

A otros, como Alfredo Cornejo, también les puede ocurrir, pero no por sus fracasos sino por sus éxitos.

Hilvanar una cantidad importante de triunfos consecutivos produce, indudablemente, embriaguez.

Cornejo ha tenido, en su gestión como gobernador, falencias y errores. Como cualquier mortal. De ponerlos en evidencia se encargará la oposición en esta época electoral.

Pero son sus logros los que definen su posición actual. Su estado de ánimo. Su apostura ante los demás.

Y lo que se ve hoy es a un hombre sacando pecho. Mostrando los bíceps. Ufano. De sí mismo y de su obra.

¿En qué se fundamenta la abundosa autoestima de Cornejo?

Primero y principal, en los laureles que puede lucir ante el gobierno de la Nación; más precisamente en materia de administración del Estado y de ordenamiento del espacio público, dos caballitos de batalla de Mauricio Macri, con módicos resultados para el Presidente hasta ahora.

El ítem aula, el código contravencional o la morigeración de la línea zaffaroniana y garantista en la política de seguridad, son algunos de los tantos hitos que el gobernador se encarga de exponer como contraste cuando se mezcla con los funcionarios nacionales.

Del mismo modo, destaca una y otra vez, en cualquier discurso, el hecho de que Mendoza sea casi una excepción como provincia que ha rebajado impuestos, que ha achicado su planta de personal y que ha ordenado sus cuentas para derramar ahorros hacia la obra pública.

¿Qué posibilitó todo esto?

Dotes personales de conductor, indudablemente. Pero también el poder acumulado desde hace más de un lustro por los sucesivos triunfos electorales de la UCR, con protagonismo de Julio Cobos en ciertos momentos.

Y es un poder rotundo. Cornejo, aun sin reelección, llega a esta etapa manteniendo firmes las riendas de su partido, del cual, por si esto fuera poco, es presidente nacional. Tiene mayoría en la Legislatura. También tiene mayoría en las intendencias, contando las decisivas del Gran Mendoza. Colocó a dos miembros en la Corte, Valerio y Garay, que comparten su ideario. Lo mismo el procurador Alejandro Gullé, que está en las antípodas de la espina que debió padecer Macri con Gils Carbó durante largo tiempo.

Pero hay más. La UNCuyo está bajo mandato radical. Cuenta ya con una fórmula completa para competir en las próximas elecciones, Suárez-Abed; y hasta con rival designado, Omar De Marchi.

Grilla completa.

¿Qué le queda enfrente en el juego de los poderes?

Apenas un sector de la Justicia que no le responde. Y un peronismo sin conducción ni liderazgo, en lo provincial o en lo nacional, lo cual agrava la situación de una fuerza históricamente verticalista. Un peronismo que no atina, siquiera, a alumbrar una fórmula competitiva para la inminente puja por la gobernación.

Bajo este prisma, el implacable embate del gobernador contra los cuatro intendentes del justicialismo que buscan su reelección adquiere otro matiz.

Es cierto que a Cornejo lo asiste la razón y lo impulsa el humor social. Tiene de su lado, por completo, el manual de la corrección política. Incluso la Corte nacional puede ponerle un moño argumental a su arremetida bochando las reelecciones de Sergio Casas en La Rioja y de Alberto Weretilneck en Río Negro.

Sin embargo, salir de cacería contra los caciques comunales peronistas es como apuntar directamente a la cabeza del último foco de resistencia efectivo del peronismo en la provincia. El último bastión.

Una resistencia como gato entre la leña, es cierto: desmañada, opaca, carente de cualquier glamour. Sin oropeles republicanos.

Aunque realista. Entendible en materia de convivencia política. De diversidad ecológica.

Si Cornejo consiguiera, finalmente, doblegar aquellos territorios que no están bajo su dominio, habrá logrado lo que soñó, descarnadamente, Cristina: ir por todo.

No importa bajo qué argumento bienintencionado, edificante, puro, se haga.

Ir por todo, en cualquier manual que figure, quiere decir, a fin de cuentas, lo mismo: ir por todo.

Cual un Savonarola. Encarnizado, flagelante. El justiciero de la hoguera de las vanidades.

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