Francisco Narla: la leyenda negra de España, los templarios y la venta de plumas del Espíritu Santo

Francisco Narla: la leyenda negra de España, los templarios y la venta de plumas del Espíritu Santo

abr 10, 19 • In Columnas, Política, Tapa

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Francisco Narla, autor de Laín. El bastardo.

Francisco Narla, autor de Laín. El bastardo.

En medio del VII Congreso Internacional de la Lengua Española, que se estaba realizando en la ciudad argentina de Córdoba a fines del mes pasado, se instaló un tema controvertido. Era una vieja herida que volvía a supurar.

Desde México, el presidente Andrés Manuel López Obrador se dirigió a España, en la figura de Felipe VI, exigiéndole un pedido de disculpas por los agravios cometidos durante la conquista del territorio americano.

Las respuestas, en varias direcciones, no se hicieron esperar. Una de las más recias en contra del jefe de Estado mexicano fue la del escritor peninsular Arturo Pérez Reverte: “Si este individuo se cree de verdad lo que dice, es un imbécil. Si no se lo cree, es un sinvergüenza”.

La polémica está servida. Otra vez
Este sábado pudimos sumar una opinión calificada en el programa La Conversación por Radio Nihuil, en la voz de uno de los escritores españoles de mayor proyección en la actualidad, Francisco Narla, recientemente galardonado con el I Premio Edhasa Narrativas Históricas por su novela Laín. El bastardo.

“Me queréis meter en un jardín con mucho barro”, sonríe Narla al ser consultado sobre el ‘affaire mexicano’.

Pero, como experto en temas históricos, no rehúye el tema: “Yo no llegaré a lo de Pérez Reverte. No es necesario faltar el respeto. Pero me da la impresión de que la petición de Pérez Obrador está fuera de plano”.

Acepta que hubo cosas que se hicieron mal en aquel momento. “Sin embargo –advierte-, no olvidemos que la reina Isabel la Católica dejó escrito en su testamento que no hubiera esclavitud, permitió los matrimonios mixtos, etcétera”.

Teniendo en cuenta, por otra parte, que hubo otras colonizaciones mucho peores, más sanguinarias, como las del Imperio Británico o de Bélgica en África, reflexiona que “es un poco estúpido plantearlo de esa manera. Nosotros los españoles no les vamos a pedir a los franceses que se disculpen por la invasión napoleónica, ni los rusos ni nadie”…

Concluye, sobre este particular, que los países, en definitiva, “en vez de despotricar y echarse en cara el pasado, deberían centrarse, desde el punto de vista político, en construir un futuro mejor”.

Los templarios y la venta de reliquias
Otro motivo apasionante para dialogar con Narla es el de los acontecimientos históricos que no pierden vigencia y se repiten sin cesar, en novelas, ensayos, películas, series o documentales. Como ocurre con los nazis, por ejemplo. O, en su caso, yendo atrás en el tiempo, las leyendas en torno a las Cruzadas, el Santo Grial, los templarios.

Reconoce, justamente, que el tema de los templarios estaba “demasiado sobado”, hasta que se topó con el comercio ilegal de reliquias en la época de Alfonso X, el Sabio, en la segunda mitad del siglo XIII.

“Fue algo muy asombroso –evoca Narla-. Leí una carta de Jaime I, el Conquistador, un rey de Aragón que se quejaba de que los templarios le estaban llevando para vender un cuarto ojo de Santa Lucía; la calavera de San Tirso cuando era mayor y la calavera del San Tirso pequeño; las plumas del Espíritu Santo, que supuestamente alguien había recogido. ¡Y hasta un huevo que había puesto el Espíritu Santo en su forma de paloma!”.

Las sorpresas no terminan ahí: “Incluso hay otra carta de Pedro II donde consta que está considerando comprar un botellón que, en teoría, ¡contiene el suspiro de San José cuando María le dice que está embarazada!”.

Ese comercio ilegal, pasmoso, de reliquias; ese mercado negro tan particular, justificó que los templarios volvieran a cobrar un destacado protagonismo en Laín. El bastardo.

Leer narrativa histórica
Una pregunta final para el escritor, para el escudriñador del pasado: ¿por qué la narrativa histórica sigue manteniendo firme su auge en nuestro país y en el mercado literario internacional?

Para Narla, efectivamente, la narrativa histórica es un mercado que no se ha llegado a agotar. “Como si estuviera viviendo una nueva juventud en todo el mundo”, señala.

La explicación es simple: “Creo que a todos nos gusta saber de dónde venimos, conocer nuestra historia. Y dentro de un relato entretenido, bien contado, el lector puede descubrir cosas sin tener que leerse un ensayo. O sea, la narrativa histórica satisface una necesidad al mismo tiempo que entretiene”.

Desde Friol, su pueblo en España, donde tiene su hogar en un ambiente rural, rodeado de animales, Narla se ufana de que, gracias a su novela, hoy “hay varios niños en España que se llaman Laín, un nombre medieval que ya no se usa”.

La historia se nutre de personajes vivos.

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