Como en otros tiempos, Mendoza apunta a consolidar su propio partido provincial

Como en otros tiempos, Mendoza apunta a consolidar su propio partido provincial

abr 13, 19 • In Columnas, Política, Tapa

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Los precandidatos mendocinos a gobernador (Bermejo, De Marchi, Suárez, Ramón)

Los precandidatos mendocinos a gobernador (Bermejo, De Marchi, Suárez, Ramón)

En la era de la globalización, la política argentina ha ido adquiriendo, paulatinamente, un alto grado de consolidación federal.

Dicha federalización, por paradójica que suene en apariencia, puede darse por virtud por defecto.

El efecto virtuoso sería el resultado de un natural crecimiento del espíritu constitucional, que prevé una República organizada sobre la columna vertebral de las 23 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Por defecto, obedecería a la crisis de los grandes partidos tradicionales, que han ido perdiendo su capacidad de ordenar, desde el centro político, con mano de hierro, a sus representaciones territoriales. A sus clubes de barrio.

Parecería que se trata más de lo segundo que de lo primero.

Basta con observar el mapa electoral en estos primeros escarceos de 2019. Aquellas provincias que realizaron sus elecciones generales o sus primarias abiertas, han eludido hasta aquí la grieta impuesta desde Buenos Aires que pone a solo dos contendientes principales para disputar la presidencia en octubre: el actual mandatario Mauricio Macri y la exmandataria Cristina Fernández.

Ese Boca-River, ese ya viejo y gastado pleito, es todo cuanto cuenta desde las usinas de alcance nacional.

Pero ninguno de los resultados provinciales registrados hasta acá avala dicha dicotomía cerrada que habrá de dirimirse, al fin y al cabo, cuando entren a la cancha las huestes capitalinas y bonaerenses.

¿Por qué esa libertad para ser independientes y moverse a sus anchas tierra adentro? Porque, debido a una serie de avatares presupuestarios y financieros que no detallaremos acá, las provincias están mejor paradas que la Nación. Más desahogadas en sus cuentas. Más coherentes y sólidas en su política interna.

Mendoza acompaña dicho proceso
Lejos están, es cierto, aquellas épocas de fines de los noventa, cuando los demócratas Carlos Balter y Gustavo Gutiérrez adquirieron vuelo nacional, conformando un interbloque en Diputados llamado Grupo Federal. Los acompañaban bloquistas sanjuaninos, renovadores salteños, liberales correntinos, demoprogresistas de Santa Fe. Jorge Zapata Mercader era el tercer hombre que completaba una representación gansa de ensueño.

Fue un momento de gloria para el tradicional partido de calle Sarmiento, que alcanzó el cenit cuando Balter estuvo cerca de ganar la gobernación en 1999.

A partir de ahí, comenzó un período, ininterrumpido, de declinación que llega hasta la cuasi inexistencia de hoy.

No ha vuelto a cuajar una tercera fuerza en la provincia. Apariciones como la del juez Luis Leiva o del fiscal Aldo Giordano resultaron fenómenos fugaces. José Ramón pareciera copiar al modelo. Se verá próximamente.

Entonces, ¿por qué decimos que Mendoza se federaliza?

Porque tanto el radicalismo gobernante bajo el liderazgo de Alfredo Cornejo como el peronismo que busca su cacique local, hoy se pertrechan y arman sus planes de acción más como fuerzas mendocinas que nacionales.

Una cuestión básica: la UCR es, hoy, aquí, más fuerte que Cambiemos. Por eso el desdoblamiento de las elecciones. Como en las otras provincias radicales. El partido mantiene su alianza con Macri. Pero su suerte electoral no está atada a él. Se diría que es al revés: está condicionada por el Presidente. Vale lo dicho tanto para el candidato oficial, Rody Suárez, como para su rival en la interna por la gobernación, Omar De Marchi, alguien que puede imbuirse de aquel perfume federal de los gansos de antaño.

Otro tanto ocurre con el PJ. Mayoritariamente, el peronismo sigue, con Alejandro Bermejo a la cabeza, los lineamientos del sanjuanino Uñac, del cordobés Schiaretti, del salteño Urtubey o del rionegrino Pichetto, por no nombrar a un referente más obvio como Roberto Lavagna. Ninguno de ellos reporta a Cristina ni sigue sus órdenes.

El componente kirchnerista lo aporta Anabel Fernández Sagasti. La senadora podrá completar una fórmula competitiva en la provincia, pero sin capacidad de imponer las líneas maestras.

Lo que viene, en el país, en caso de ganar Mauricio o Cristina, en octubre, sin luna de miel para cualquiera de ellos, sin el encandilamiento que genera lo nuevo, será otro período de marcha en el desierto. Cual peregrinaje del pueblo elegido desde las arenas de Egipto.

En ese nuevo éxodo, la UCR o el PJ, quien quiera que resulte triunfante, deberá consolidarse como partido provincial. A costa de perder cualquier esperanza por la Tierra Prometida.

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