Ganaron los que tenían que ganar, en unas PASO mendocinas ejemplares

Ganaron los que tenían que ganar, en unas PASO mendocinas ejemplares

jun 11, 19 • In Columnas, Política, Tapa

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

Cambia Mendoza festeja su triunfo.

Cambia Mendoza festeja su triunfo.

Con las internas abiertas de este domingo, Mendoza confirmó la enorme, sideral distancia que la distingue, política e institucionalmente, del panorama nacional; del panorama donde saldrá el próximo presidente.

Primero y principal, en unas primarias abiertas y simultáneas como Dios manda, técnicamente ejemplares, ganaron los tenían que ganar. Los que hicieron mejor las cosas. Los que entendieron cuáles eran las herramientas más idóneas para llegar a buen puerto.

Y no lo hicieron, ni Rodolfo Suárez ni Anabel Fernández Sagasti, dando voleteras de saltimbanqui por todo el frente político. No lo hicieron diciendo un día una cosa y otro día una muy distinta, con tal de sacar una ventajita.

No fueron, en efecto, ventajeros. Ni ladinos. Ni ambiguos. Ni, sobre todo, estuvieron desmotivados en algún tramo del proceso que los llevó a conseguir las candidaturas a la gobernación en setiembre.

Suárez, como intendente de un municipio como Capital, que es vidriera principalísima en la provincia, se hizo cargo de su postulación desde el momento mismo en que el líder local -y nacional también-, Alfredo Cornejo decidió, junto a su círculo íntimo, que era el mejor hombre para la tarea. Desde ese instante hasta ayer asumió su responsabilidad, sin dudar, pero sin también sin sentirse más de lo que podía corresponderle en este tramo. El faro, hoy, todavía, es el gobernador. Lo entendió a la perfección, lo cual no generó ruido alguno en la campaña. Pero tampoco lo empequeñeció a él. Estaba en papel. El que demandaba la película.

Fernández Sagasti tuvo igual convicción y marchó, del mismo modo, en línea recta. Se anotó, con ferviente convicción, en la carrera gubernamental ya desde el año pasado. Y nunca sacó el pie del acelerador. Un acelerador responsable, controlado, para no pasarse en las curvas. Jugó su rol de componente nuevo y renovador de la política, atada, siempre a la figura de su inspiradora en la vida, Cristina Fernández.

Todo lo contrario sucedió con su rival derrotado en la madrugada del domingo, Alejandro Bermejo, quien dio vueltas y vueltas hasta aceptar la precandidatura. Él decía que necesitaba tiempo para meditar. Desde afuera se veía que tenía pocas ganas. Que agarró obligado por las circunstancias. Por compañerismo con los muchachos.

Sus dudas fueron parecidas a la del peronismo federal, que era el paraguas protector, la referencia externa, para el justicialismo tradicional de Mendoza que pervive en las intendencias. Ese peronismo federal implosionó, debido a las torperzas y a las jugarretas de jardín de infantes que evidenciaron Lavagna, Massa y compañía. Nada salido de aquí podía llegar a buen puerto, entonces.

Y otro detalle singular, casi extraordinario, de la distinción mendocina: tanto el jefe radical, Cornejo, como la muñeca brava que ayer se ganó su candidatura por prepotencia de trabajo, Anabel, la muñeca Anabel, esa que puede provocar terror en algunos sectores antikirchneristas, en muchos tramos de la gestión acertaron a hilvanar algunos acuerdos coyunturales que favorecieron la gobernabilidad. Algo absolutamente impensable en al escenario nacional.

O sea, Cornejo y Anabel lograron, por momentos, algo que ni Macri ni Cristina podrían lograr en los próximos mil años de vida humana sobre el planeta.

Cornejo y Anabel superaron a sus mentores presidenciales.

Hoy son rivales de fuste entre ellos. Podrán tirarse con munición gruesa en la campaña que arranca este lunes. Pero será -esperemos- dentro de los parámetros que marcan los cánones republicanos, la buena democracia.

Encima, les dieron a ambos cuarteles presidenciales, el de Cambiemos y el de Unidad Ciudadana, motivos para festejar el domingo a la noche.

El domingo ganaron todos, pues. O casi.

Insólito.

Mérito de Mendoza. Que sí es otro país. Mucho más que San Luis.

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