Mendoza apunta, otra vez, a salir del barro podrido de la política nacional

Mendoza apunta, otra vez, a salir del barro podrido de la política nacional

jul 5, 19 • In Columnas, Política, Tapa

Por Andrés Gabrielli
Diario UNO

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Mendoza, después de atravesar unas primarias abiertas que fueron un ejemplo nacional, no merecía dar un paso atrás.

Es cierto que votar, irremediablemente, cada dos años, en medio de todas las grietas habidas y por haber, y en estado de precariedad permanente, de crisis permanente, obnubila el sentido último de la política.

La Argentina es un campo de lucha faccioso sin cuartel antes que un escenario de derechos y obligaciones republicanos. De lucha torva. De lucha en el barro. Donde cualquier política de Estado se encuentra atascada. Donde las proyecciones a mediano y largo plazo están prohibidas.

Prohibidas absolutamente.

Cualquier cambio de signo político en octubre o noviembre amenaza con dar vuelta el país. Con dinamitarlo para refundarlo. Con empezar, otra vez, de cero. Y así siguiendo. Hasta el infinito y más allá…

En medio de ese lodazal, la provincia, como advertimos al formalizarse las PASO locales, ha hecho ingentes esfuerzos por mostrarse distinta. Por aspirar a otra cosa.

Sin posibilidades de que se cristalice ningún caciquismo parroquial, la alternancia en el poder, desde 1983 a la fecha, entre radicales y peronistas, ha sido la mejor demostración de esa diferencia sustantiva.

Y en estos últimos tiempos, hubo méritos añadidos. Un plus de integridad. Como, por ejemplo, acabar con la reelección indefinida de los intendentes.

O los entendimientos, por cuestiones institucionales o de coyuntura, entre el radicalismo gobernante y La Cámpora liderada por Anabel Fernández Sagasti, hoy candidata a la gobernación. Una insólita muestra de sentido común que, a nivel país, suena directamente a ciencia ficción, a pesadilla distópica.

Comparemos. La relación entre el presidente Mauricio Macri y la expresidenta Cristina Fernández se asemeja a las peores pesadillas entrevistas por la serie Black Mirror. Una promesa, constante, de catástrofe. Un dueto irreconciliable.

En cambio, la relación, difícil, complicada, por momentos, entre el gobernador Alfredo Cornejo y el conglomerado kirchnerista vernáculo, puede leerse como el guion de una novela romántica latinoamericana. Donde es posible alguna traición o ruptura sentimental. Pero donde también cabe la esperanza de un final aceptablemente feliz para todos. ¿Mendoza tierra de amor y venganza? Algo así.

Dentro de este contexto llamó poderosamente la atención el rechazo inicial que viene de escenificar (¿de sobreactuar?) el peronismo mendocino ante un pedido de endeudamiento del Gobierno, por 130 millones de dólares, para distintas obras de infraestructura.

La Legislatura, de este modo, amenazó con convertirse en un ring de lucha libre “a la argentina”. Es decir, donde vale todo con tal de hacerle zancadillas al adversario por mera especulación electoral. La acostumbrada mezquindad.

Duró poco la mala fiebre, afortunadamente.

Fiebre a dos puntas: el griterío protestón del Gobierno, la alharaca altisonante, frente a la bravuconada de matón de barrio, de compadrito enclenque, de la oposición.

Terminó privando la sensatez (esperemos). Se vio la mano de los patriarcas más temperados y pensantes, como el maipucino Adolfo Bermejo, junto a jóvenes con verdadera vocación de poder como la propia Fernández Sagasti, en el peronismo. En el oficialismo, no hace falta decirlo, sobran los hombres prácticos, acostumbrados a remar en el dulce de leche, tanto en el gabinete como en las comunas (la dupla que aspira a heredar el Gobierno no en vano la conforman dos intendentes) y en la Casa de las Leyes.

Se discutirá la iniciativa en estos días, forzando el calendario vacacional de la Legislatura. Y con seguridad se arribará a buen puerto con el primero de los proyectos, el más urgente, el de la ruta 82 con crédito del BID.

Eso puede derivar en un apretón de manos y en un anuncio conjunto.

De ser así, ganarán todos. Habremos ganado todos.

Para seguir alimentando la ilusión, al menos por ahora, de que Mendoza puede escaparle al barro podrido de la política nacional.

Más amor y venganza, y menos Black Mirror.

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